Mis escritos. Carolina Bejarano.

 ¿POR QUÉ ME GUSTA ESCRIBIR? 

Escribir es la forma más sutil que puede utilizar para expresar mis sentimientos y mis pensamientos de todo aquello que se encuentra a mi alrededor.

Expresar por medio de la escritura es algo muy renovador, pero también podría ser abrumador, en fin, puedo plasmar muchos sueños, anhelos, que tal vez se puedan materializar ¿Por qué no? en la realidad de lo que algún día imaginé.
Infinitas gracias debemos de dar a Aquel que hizo posible que pudiésemos escribir ¿Qué sería de nosotros sin podernos desinhibir de tantas bellas letras? Nunca dejaré de escribir.


MUJERES ESCRITORAS

Composiciones escritas por Carolina Bejarano

Las siguientes composiciones tienen por objeto servir de referente para muchas mujeres a motivarlas a expresar todo lo que piensan y sienten por medio de la escritura. El taller de Mujeres Escritoras en Creación Colectiva fue muy alimentador puesto que se evidenció muchas formas de escritura, además fue una gran oportunidad de abrir lo más íntimo de nuestro corazón, dejar volar nuestra imaginación y conocer lugares inimaginables que nos generaron paz y tranquilidad para verterlas sobre el papel, tomando quizás una pluma, un bolígrafo y ver plasmados muchos sueños, emociones y diseñar variedad de historias para dar como resultado escritos maravillosos para ayudar a otros y seguir tejiendo diversas experiencias.

Agradezco a todos los que hicieron posible este espacio tan enriquecedor qué me dejó una enseñanza muy valiosa, para el caminar de mi vida.

NOSTALGIA 

En un atardecer llanero
Caminaba rumbo a casa
Cavilando en mi cabeza 
Cómo adoptar un perro.

Observé hacía el horizonte 
Qué venia un galeno 
Qué caminaba con tanta prisa y llevaba 
Consigo un perro.

Le grito ¡oiga pariente!
Regáleme pues el perro, 
Me miró de arriba, abajo 
Y susurró como un pendejo.

Le Conté qué me sentía sola y triste y 
Sin consuelo.

Esa casa está tan grande, qué yo misma 
Ni me encuentro.

En ese mismo instante me entrego este lindo perro
Qué hasta el día de hoy acabó con mis desvelos.

En honor a mi perro “Chapito Guzmán” 


UN DÍA INESPERADO 

Era un día de verano
Y yo en el colegio estaba 
Practicando unas tonadas qué muy poco me gustaban.

Mientras que afuera gritaban que un raro virus se dispersaba.

Preguntando a la profe qué era lo que susurraban, qué interrumpen las clases que ella cansada dictaba.

A la hora de salir yo a la profe no encontraba, me di cuenta que corría como una loca desesperada.

Buscando mascarillas para taparnos las caras 
No sabía que pasaba, todo el mundo alegaba por un virus desconocido que nadie se lo esperaba.

Mi mamá me recogió sin saber lo que pasaba 
Y doblando en una esquina me compró una empanada qué comí con tanta ansía que en el virus no pensaba.

Vaya virus no esperados que la nostalgia nos ha dado.


LA ÚLTIMA VEZ QUE TE VI

(Carta no entregada)

No puedo aun creer que te hayas ido, té fuiste sin decir adiós, me dejaste un gran vacío qué golpeó las fibras más profundas de mi débil corazón 
Jamás imaginé tener que verte partir, todo me parece un sueño que aún no logro comprender.

El recuerdo más maravilloso que me pudiste dejar fue verte tan feliz compartiendo con tus hijos, en aquel bello paisaje que fuimos a conocer.

Fue un día con un clima tan variado que no sabíamos qué hacer.

Recuerdo tanto, qué abrimos el corral de los corderos y sé que salieron a correr porque temían tanto que nos los fuéramos a comer, reímos tanto que hasta se me rompió el brasier.

Me dejaste tantas fotos que por cierto guardaré, para no olvidarme nunca que por un día me hiciste muy feliz. 

Té deseo un feliz viajé mi hermosa picaflor, sé que vas a estar tranquila disfrutando del amor donde no existe la indiferencia, la crueldad ni él desamor.

Con amor tu Tía.

Carolina Bejarano Sep/ 2022




Entradas de diario. Ana Estíbaliz Gómez Torres

 Soy una mujer que le apuesta a la creación de nuevas formas de vivir y relacionarse. Desde la creación artística y la necesidad de comunicación, escribo mi perspectiva de mundo y mi visión de la complejidad humana. Abierta para el encuentro y la expresión.
¡¡¡Amor bonito, libertad y vanguardia!!!
Artivista en asuntos de mujer y género, mamá de tres, mujer rural, amiga de los animales y el ambiente, formadora popular, ambientalista, emprendedora, y sobre todo gran amiga.


Instagram @fressa.y.gomma
@uefahaoa
Facebook @fressaygomma
Presentación

Situaciones como estas, tan cotidianas y comunes pueden darse en el marco de padecimientos emocionales no tan evidentes y que podrían ser síntomas de trastornos más complejos como depresión, ansiedad, bipolaridad, estrés, etc., que por sus características tan normalizadas pasan desapercibidas, pero silenciosamente están manifestando que algo no funciona, que no estamos bien.

Históricamente a las mujeres se nos ha asignado el cuidado de los otros, se nos ha cargado con una serie de “instintos” que, aunque necesarios para la supervivencia y ejecutados de una manera afectuosa sobrellevan las familias y las sociedades, hemos relegado el cuidado de nosotras mismas, al último rincón de las actividades posibles dejándonos siempre detrás de lo demás.

Sumado a lo anterior la imposición del ser como elemento productivo no nos da tiempo para dedicarnos a la consecución de nuestro propio bienestar y necesitamos cuidarnos, encontrarnos, abrazarnos unas a otras, esa ha sido siempre la mejor estrategia, que teje como una gran red las fortalezas que podemos transmitirnos entre nosotras.

Por eso estos escritos, cotidianos y sencillos están dedicados a todas las mujeres que hicimos parte de este proceso de mujeres escritoras y que, en su diversidad e intimidad, pudimos tejer a través de versos, palabras, cuentos, crónicas y todas las creaciones posibles, un dechado de afecto, apoyo y comprensión sorora, valiente y cuidadora.

Gracias a todas por el privilegio de conocerles, por estar, por ser y compartir… ¡¡Les Quiero!!

Entrada de diario 1
Querido Diario:
Jajajajaja “Querido diario” suena como Heidy en la pradera, muy cursi para mi gusto, mejor decir: “querida yo”
Entonces, Querida yo:

Hoy me desperté con unas ganas de hacer todo lo que he postergado.
En un arrebato de amor propio, quise pintarme las uñas.
Comencé por los pies, pero a medida que iba cambiando de dedo, me iba arrepintiendo, ¡con semejante frio! Y ahora, iba a tener que estar descalza por buen rato.
Cuando al fin sentí mis uñas secas, me puse las medias, unas medias muy peludas, de esas que se usan aquí en la montaña.

Proseguí con las manos. Con la mano izquierda no tuve problema ya que soy diestra, pero con la mano derecha ¡Dios mío! ¡Qué bregadera! Duré como diez minutos por uña y cuando por fin lo logré, sentí una piquiña insoportable en mi entrepierna.

Caminé, bailé, apreté las piernas, moví mi cadera de lado a lado, pero no logré calmar esa picazón, sudé frío, casi lloro de la desesperación hasta que no pude soportarlo más.

Terminé rascándome como si el mundo se fuera a acabar y ese fuese mi último placer.

Cuando casi suspiro en señal de victoria. Entonces, me vinieron unas ganas de orinar inaguantables, era ya o ya ¡¡Pues claro!! Con este frío y todo el tiempo que había durado descalza…
    
Me puse las chanclas y corrí al baño con la precaución de no dañar el esmalte de mi mano izquierda pues, el de mi mano derecha se dañó en la monumental rascada.

Ya en el baño, me enfrenté con otra dificultad ¿Cómo bajarme el pantalón sin dañar el esmalte que aún me quedaba?
Mientras lo pensaba, se me salieron tres góticas así que tuve que sacrificar las dos horas invertidas en el arreglo de mis manos.
    
Terminé, volví a mi cuarto, me retiré las chanclas, sentí algo raro en los dedos de los pies así que me quité las medias y las uñas de mis pies quedaron decoradas con las motas de mis medias muy peludas, de esas que se usan aquí en la montaña.

Después de semejante batalla solo me quedó tener un día muy normal de cocinar, lavar, atender la huerta, arreglar la casa, trabajar en algunos informes, como siempre atrasados, y en proyectos (porque siempre tengo que estar inventándome cosas).

 Aquel día, en señal de duelo, todo lo hice en chanclas, con la frustración de mi demostración de amor propio fallida y rascando mi entrepierna con las uñas hechas un desastre. 

 Pero ánimo que a todas nos pasa, apenas nos pintamos las uñas, nos pica la entrepierna o nos dan ganas de orinar.

FIN (En fin).

Entrada de diario 2
Para mi papito Richard

El tenía dieciocho cuándo nací... Lo amé con el alma entera, con absoluta admiración y orgullo, fue por muchos años, el mejor del universo, el más play, el más cool, el más todo.

Me enseñó a bailar, me llevó siempre a los mejores sitios, me dio los mejores regalos, íbamos dos veces por semana a cine durante toda la vida. Me dio los mejores paseos, me consintió, alcahueteó, jugó y tengo los mejores recuerdos que se puedan tener de un padre, pero... También tengo los peores, los del maltrato, las golpizas, el dolor, el miedo, el terror, la sangre, los insultos, los desequilibrios emocionales, los hospitales...
Hoy todo está perdonado y él ya no está.

 Decido recordarle con amor sin negarme nada. Me debo a mí misma, a mi valentía y dignidad, el amor propio que he tenido que trabajar muy duro, y que a veces debo rasguñar para hacerme fuerte.

Sin embargo, gracias papito Richard por los momentos lindos y llenos de afecto, por tantas cosas únicas e inmensas. También por enseñarme de la forma más cruel, que en nombre del amor se permiten cosas impermitibles, que dañan y lastiman, pero, de las que nos podemos agarrar para luchar como fieras para que nadie nunca más las tenga que vivir.  Gracias por mostrame que detrás del amor se pueden esconder la manipulación, la violencia y el dominio y, que sin embargo, nos queda la opción de lamernos las heridas y sanar hasta tener el poder suficiente para liberarnos del yugo que los afectos nos imponen.

Entrada de diario 3

Querida yo:

Siendo las 4:10 am siento unas tremendísimas ganas de levantarme y levantar a mi familia, caminar cuatro kilómetros, observar aves… Quiero ir hasta el río Teusacá, recoger frutos del bosque, saludar a todos los perritos y perritas que vea, cocinar para todas mis amigas… Apenas si atino a ir al baño y volver a cinco minutitos más de arrunchada.

Siendo las 5:30 am suena la alarma de mi celular, la pospongo cinco minutitos, hace mucho frío, mientras tanto medito y organizo en mi mente todo lo que quiero hacer.

Primero… será el desayuno, algún amasijo rico, que tenga muchos colores y ¡ya sé!, algo con figuritas lindas, luego, la caminata de cuatro kilómetros e ir hasta el río y aprovechar para recoger frutos del bosque, puedo mirar las aves mientras voy y saludar a todos los perritos y perritas mientras regreso... Me acomodo cinco minutitos más.

Siendo las 5:40 am suena la alarma de mi celular, la pospongo cinco minutitos, sigue haciendo mucho frío, mientras tanto repaso y reorganizo en mi mente todo lo que definitivamente quiero hacer hoy. Tendré que dejar los amasijos para otra ocasión, sin embargo, los colores y las figuras se mantienen, mientras mi hija desayuna me prepararé para salir a caminar. La llevaré hasta la ruta y después de que se vaya, caminaré los cuatro kilómetros al río mirando aves, iré saludando perritos y perritas de regreso. Frutos del bosque seguramente en los dos fragmentos de camino encontraré, será una mañana maravillosa... Giro mi cuerpo alejándome unos centímetros de la parte más tibia, cinco minutitos más.

Siendo las 5:50 am suena la alarma de mi celular, la pospongo cinco minutitos, ¡Que frío tan tremendo! Reorganizo nuevamente el plan de mi mañana… Aparte de los amasijos, habrá que dejar los colores también, las figuritas serán algo sencillo, mientras la niña desayuna yo me pondré una ruana encima de la pijama, ¡eso nadie se da cuenta! Cuando salgamos caminando hacia la ruta saludaré a los perritos y perritas que me encuentre, ya de regreso, caminaré un poquitico más despacio para poder mirar las aves. Seguiré un kilómetro adelante y en eso seguramente habrá muchos frutos del bosque que pueda recoger… Me muevo un poco más hacia la orilla de la cama, cinco minutitos más.

Siendo las 6:00 am suena la alarma de mi celular, la apago y boto las cobijas como si fuesen un animal venenoso sobre mí, de un brinco salgo despavorida de la cama y voy al baño, mientras me siento al inodoro reformulo todo mi plan mental. Del fantástico desayuno rico con figuritas de colores y deliciosos amasijos solo será un huevo como salga y si queda pan o alguna arepa vieja, si no la logro, un par de billetes para que ella desayune en la cafetería del colegio. Eso de acompañarla a la ruta y luego una gran caminata queda embolatado, ella ya se va, ya está saliendo, mejor dicho, ya se fue… Los perritos y perritas quedaron sin su saludo y los pájaros sin quien trate de mirarlos, además, con este frío ¿Quién va al rio? Y los frutos del bosque, seguramente ya los recogieron.

Así pasó, se transformó la fantástica mañana de mi mente, en una procastinada y fría mañana en la montaña.

FIN


Huella de silencio refugiado. Miriam Rubby Morales

Nací en Junín Cundinamarca en 1965. Actualmente habito en Funza, Cundinamarca.
Estudiante de literatura (Cartografías del Silencio, Centro Cultural Bacatá, Funza, Cundinamarca, desde el año 2017).
Apasionada por la poesía, he participado como escritora de poesía en colectivo; Encuentros Pedagógicos de Literatura de Cundinamarca 2019 “Te Cuento”, IDECUT (Instituto Departamental de Cultura y Turismo), y en la Antología del Concurso de Cuento y Poesía Diez Años Narrando a Funza (2019).
Detrás de estas letras escribo por amor a la literatura, desde mi corazón de tinta y alma de poeta, continuaré haciéndolo hasta el último suspiro de vida.


Presentación
Se apagó el bullicio 
del mundo entero
el afán por llegar primero


Me refugio en la morada
en el brillo de los ojos
de mis hijos
mi compañero de camino


Amo el ruido de mis pies


No necesito alas para volar
mi pluma
              vuela
                      vuela  
                       en letras sin parar


HUELLA DE SILENCIO REFUGIADO

ESCRIBIR PARA NO MORIR DE OLVIDO

En este arte de escribir, 
no voy a morir en una hoguera 
de sueños rotos ni 
con las cenizas del olvido.

Las letras viven, se juntan, 
se sacuden dentro de mí, 
no las dejo ir, forman verbo.

Soy protagonista de mi propio destino, 
escribir es mi único estilo, 
no concibo otra manera de vivir,
ha constituido la única salida, 
el mecanismo de supervivencia 
en esta aciaga pandemia.

El verbo escribir se lee tan sencillo, 
pero en la práctica es muy difícil.

Escribo, no para ganar concursos ni dinero, 
solo para sentirme feliz.
Tener el reconocimiento de la gente 
con sus destellantes aplausos.
Junio 01 2020


CAUTIVERIO
Los vivos estamos en cautiverio,
como muertos en cementerio,
no podemos salir de nuestras moradas.

Cuando todo pase; debemos levantarnos 
de esta recaída, 
este miedo que nos distrae.

Volver a encontrarnos, 
agradecer por estar vivos,
bailar a la orilla de un atardecer.

Dejar de criticar para comenzar a vivir, 
no seguir llevando nuestros cuerpos 
con cargas innecesarias. 

Escuchar la sabiduría que llevamos dentro.

Tan ocupados que vivíamos,
que no nos dábamos cuenta
de quiénes somos.

El mundo nos está haciendo
cambiar, esta enseñanza 
puede ayudar.

La vida es ahora mismo
para comenzar de nuevo.
Somos el sueño de la vida, 
la luz de nuestra conciencia.
Abril 13 2020

Sobrevivientes en esta pandemia
para hacer de este
caos una gran oportunidad
transformación
nuevas formas de aprender 
a través de herramientas tecnológicas
Febrero 03 2021

POESÍA LENGUAJE DEL ALMA
Amante silvestre de la poesía,
artesana de la palabra vibrante, húmeda. 

Dejando huella, legado en este transitar 
hermoso que es la vida misma.

Poesía: eco infinito, sinfonía
de palabras grabadas en lienzo
para perdurar en el tiempo.

Poesía: lenguaje del cuerpo,
bandera, himno en el corazón.

Armonía bordada en versos.

No quiero olvidar: tomo lápiz, 
escribir para recordar y no 
morir de olvido.

Es un deber hacer memoria.
Febrero 18 2021

La pandemia sirve para 
escribirme, tomar la quietud 
del mundo.

Poeta, maga, bruja.

Mujer con fragancia.
No creo en dogmas,
hija del tiempo, la tierra.

Raíz de un mismo árbol,
semilla que germina,
heredera de la poesía
y el canto.

Seguiré escribiendo hasta 
la danza del último suspiro.

Reescribir la vida para 
que nada se olvide.

La memoria es vulnerable.

Disipándose la pandemia, eso creo.
Agosto 01 2021

La fuerza de las palabras escritas 
en las hojas de los cuadernos, 
hacen sentirme real, viva.

Dejando huella en este transitar.

¡Amo las palabras que conjugo!
Todo está escrito en mí,
alegría, tristeza, dolor.

Aún no acabo de escribir
en este presente eterno, 
donde solo quiero que pase rápido 
este virus.

Junio se desliza; recobro el aliento 
después de sobreponerme a la reacción 
de la primera dosis de la vacuna Pfizer.

El anhelo mío, es que podamos
abrazarnos, bailar a la orilla de un atardecer, 
embriagarnos de felicidad.

Gracias a la vida 
por la oportunidad de existir.
Junio 27 2021

Despertar es sentir las ganas 
de vivir con todos los sentidos, 
del uno al sexto. 

Ver el sol en los ojos de 
mis hijos, mi compañero de camino, 
sus sonrisas, sus manos en las mías.

Siento profundo agradecimiento sincero, 
por esta oportunidad de seguir viva 
en medio de esta pandemia aciaga. 

Voy a seguir haciendo lo mejor que pueda 
con lo que tengo, intentaré animar a los demás 
con mi escritura, que amen la vida, como yo la amo.

Poder escribir, tiene algo festivo, resurrección, catarsis, 
nuevo nacimiento; incluso tristeza al comprobar 
lo frágil de la vida y la muerte.

¡Vale la pena seguir viviendo!
Enero 01 2022


De vuelta a la montaña. Azury

Azury Del Sol, Bogotá, 1999. 
Estudiante de Filología Clásica de la Universidad Nacional. 
Fundadora de la revista de investigación literaria Promiscua. 
Ganadora de la II Edición del Concurso de Micropoemas del Festival de Poesía por Getafe, España


azurydelsol@hotmail.com
Instagram @letrasolares


Presentación
Un viaje de vuelta a los cielos parcos de la ciudad montaña. Ese cuerpo con escoliosis que llora en las tardes, crece en nuestra ausencia. La Bogotá de toda la vida, la de tinto, sombrilla y chaqueta recibe a los nuevos, los venidos con ojos de turista, aunque sean nativos, con manías extrañas, gritos de sirenas y mañanas abrasadas. 
Volvamos juntos, al caos de esta casa.


DE VUELTA A LA MONTAÑA


CAFÉ DE LAS CUATRO 

Olvidé que Bogotá tiene techo blanco
con pelusas adheridas viajeras,
que el techo se estira tiritando y se hace pared de asfalto y de piedra, 
más las tres capas de ropa de invierno
que hay que arrancarse húmedas al medio día. 

En la ciudad montaña las estaciones se mezclan con los días 
como un bote de pintura fresca que preparan en la ferretería. 

Con la nariz lloviendo, la piel marchita, hielo en la cara, recuerdo; 
partí buscando colores que temen las alturas,
que no vienen porque no escampa
por fe sospechamos que existen 
musarañas a nuestros ojos a blanco y negro

Volver a las sirenas que gritan,
los rostros opacos, coaguladas mañanas, 
es zambullirse en el café de las cuatro, 
siempre igual, un abrazo conocido. 
Siempre negro. 


VISÍTAME, SÍ, 
pero los miércoles,
hoy sábado soy un círculo circunscrito
entre los pozos geométricos del café de ayer, 
caí de bruces el jueves leyendo sus designios 
y apenas hoy me doy mañas de trepar la taza. 

Has de venir los miércoles
cuando los designios sucedan
y pueda ver que vienes entre el té de las tres. 


TERCER MUNDO 
Tres amigos juegan a decir mentiras en un bar 
Uno fue enterrado vivo ayer
El otro saltó de un puente
El último mató a su mamá 
Los tres dicen la verdad. 


HOMBRE EN FUEGO 
Hija y padre en la patrulla
el policía que llegó primero
la voz del suicida desgajándose 
por las llamas en su cuerpo. 


DÍAS BOGOTANOS 
Días canos, de manta de hierro y edredón ahumado
unos que arman castillos en nubes de blancos planos
otros que arden besos fríos en rostros resfriados, 
madrugadas de invierno, cenit de otoño, tardes de verano, 
esos de paso apurado, manos en los bolsillos y pies mojados 
días que no son días porque hay que salir a buscarlos. 


PANAL 
Celdas rectangulares con reja bancaria 
otras con cortinas black-out
la nuestra de red para gata
al lado solo la ventana de cristal. 

El lateral de un panal humano
que almacena angustia en lugar de miel
individuos que abandonamos el 'apto'
para rellenar otra celda más chica con horas de trabajo 
el polen de la vida.

Somos humanos nativos, sin aguijón,
los hay cosmopolitas 
una raza más fuerte que trabaja mejor
pero ellos pican y nosotros no.

Se despierta el asfalto amoblado en el alboroto de mañana
un caos sincrónico de cubiertos de mesa
de humanos juntos a la misma hora en el ascensor
la voz de las calles zumba,
afanados gritos mecánicos 
una individualidad conjunta, repetida,
actos cotidianos que creemos únicos
vistos desde arriba son un punto en el montón.

Abejas humanas que recolectan, llevan los bolsillos llenos
las obreras suman ladrillos con la cera que supura de su tiempo 
nodrizas enseñan el afán a las larvas
las que mantienen limpia la colmena; limpian
y las cansadas se alejan a morir en silencio.

Servimos con tesón a la reina de cemento;
Bogotá. 


BOTÁNICA HUMANA 
Somos árboles antinaturales
de creencias
citadinos mal enredados
plantados industrialmente
con frutos de prejuicios y raíces de egoísmo en asfalto 
el tallo torcido mal nutrido por tener el alma hambrienta 
a falta de días soleados. 

Los troncos, ¡ay, los troncos!
casi palos de naufragio
malheridos porque el ego resquebraja la madera. 

Las ramas desiertas sin aves, ni dicha,
ni viento, ni hojas, sino hiedra
pues los temblores febriles de la soledad 
sacuden lo que tocan y no dejan nada.

Somos árboles aislados
entre ríos de cemento
que siendo esquejes del mismo palo
se creen del bosque el centro. 


RECITAL DE POESÍA 
Hay poesía narrándose con cuerpos, 
poesía que no sobrevive recitales, 
versos de granizo que se esfuman 
en las palmas heladas del instante,
poesía transeúnte y entrenada 
que espera el cambio de luz en la acera, 
la esencia en rima de la vida
que por fugaz es bella. 

EL INFIERNO 
Ojos que profanan miradas
que arrancan prendas para clavar las ganas
mientras ocupan doble espacio
para sentar lo macho en las butacas. 

Afirman ser seducidos
por almas heridas a vistazos.
No contentos con ver manosean
y van por ahí engendrando espanto.

¿Por qué puñaladas en lugar de abrazos? 
Hoy los negros empaladores
enseñan el nervio erecto
y no hay forma de denunciarlos
ni con las dioptrías completas
ni con su cédula en la mano. 


BASURA 
Monstruos de fauces mecánicas
enormes hormigas de hierro
recorren incansables las venas bogotanas
para tragar la escoria
masticarla
digerirla
salivando fractales de basura diminuta
y vomitarla luego
en la boca de Juana.

Las uñas cortadas, el polvo de piel, el cabello sobrante, 
la mierda de este cuerpo de asfalto 
van a quebrar nuevos pliegues de obesidad mórbida 
en la giganta preñada de obsolescencias programadas.

Y cuando no quepa en su carne
harta de parir hectáreas nauseabundas estalle 
volverán sus fluidos perniciosos a la violencia de siempre
en el paisaje. 

PLAZA DE MERCADO 
Ciudades distintas que se aúnan la escuálida de pies mojados
de techo denso que no respira la de cenit dorado que tuesta 
se transforma entre las botas de lluvia,
el sombrero, las gafas de sol y la chaqueta
una que tinta los inmigrantes de verde soroche
la mocosa, la ebria
otra de mohín cansado que se queja del clima,
la de plaza, la de protesta
esa del mercado que grazna es la única que alimenta. 


EN UNA GALERÍA DE ARTE HABLAN DOS VOCES, 
una que venció el reloj cuando rasgó con pedazos de sí misma el lienzo 
otra que ve sus propios entresijos extrañada
untados en la obra del desconocido.

Pronto las voces se aúnan y por un instante 
la expositora de nuevo
la observadora por primera vez
se sumergen en las aguas del sentimiento, juntas. 


PASOS 
Los pasos como salmones.

Contracorrientes, se reproducen, 
saltos esforzados hasta aguas altas 
suman vida a la vida. 

Corrientes, envejecen, 
quietos en las aguas 
víctimas del cauce 
suman experiencia 
aunque restan pasos. 


VÍCTIMA DEL TIEMPO 
Atrapada entre los engranajes
fueron mis entrañas trabadas
las que acallaron el eco del tic tac 
resonante en la caja del tiempo
solo hasta masticarme fluida
medio digerida fantasma
Me escupió aquí y se siguieron los días 
grises y fríos como si nada. 


MEJOR NO TARDES 
Temo que en tu ausencia me he expandido
agua sucia de florero que en su muerte halló el mar,
en tu regreso,
marchitas las flores,
roto el florero,
no tendrás espacio para ocupar. 


ANTI-SEMILLA 
Se tambalea en mi pecho
hice nutrido su sustrato
oigo su brote resquebrajarme el cuerpo 
sus dedos hambrientos rasgando 
cuanto sé de mí se marchita
soy su alimento y nazco;
hacia adentro.

Entradas. Xiomara León Salgado.

       

Enhebro hilos y también pensamientos. Tejo y destejo recuerdos. Artesana, lectora y escritora. Cuando no es la hoja y el esfero, es la madeja y la aguja, duplas cómplices de dar vida y forma a los sentires que recorren mi cuerpo, se posan en la mente y piden a las manos materializarlos. También recorro espacios naturales para admirar la biodiversidad que habita en ellos y así revitalizarme. 

Entre hilos y palabras fui construyendo un camino lleno de aprendizajes a partir de procesos sociales, artísticos y culturales. Un sendero que podrán conocer y recorrer en Instagram y Facebook @semilla.littera

Mi cuerpo

Estas experiencias son reflexiones del servicio que me han dado en las consultas médicas, las describo a partir de entradas de diario pues son la posibilidad de hablar desde lo íntimo. Historias que se enlazan entre sí, ya que con el tiempo el hilo del sistema de salud ha ido tejiendo la sensación de una institución carente de herramientas de un buen trato humano a sus usuarias. Fechas distantes entre sí, conectadas por la frustración de la falta de diálogo, sino una consulta de contados minutos con el personal. Es frustrante no poder hablar abierta y sinceramente de lo que le ocurre a mi cuerpo, un cuerpo femenino atravesado por unas dinámicas sociales y culturales que de diversas maneras violenta y alimenta el silencio. 

 2 de septiembre de 2022

9:30 p.m. Una hora en que se empieza a sentir la tranquilidad de la noche cuando no está de rumba alguna de las casas de la cuadra. Un silencio que permite sumergirme en la intimidad de mis pensamientos, imaginar, reírme con algunos recuerdos, mientras miro las mandalas que hace unos años hice y colgué en el techo de mi habitación. Tomo el celular y empiezo a recorrer la carpeta de imágenes para eliminar lo que se va acumulando a diario. Encuentro una foto, es la reserva El Delirio, la que queda en la zona rural de San Cristóbal sur, ¡cómo olvidarla! No solo por la belleza que aún se logra conservar, sino por la mordida del perro. 

Me preguntaron cómo me sentía, les dije que bien, que solo había sido el susto. Avanzamos hasta llegar a la casa donde se registra el ingreso, le contamos lo sucedido a la señora que nos recibió, pues los perros eran de su propiedad. Me comenzó a arder la zona mordida, me subí el pantalón: el perro me había clavado sus colmillos, estaba sangrando. 

Con un botiquín me hicieron una limpieza rápida. Podía devolverme o seguir, apenas estaba empezando el recorrido. Decidí continuar pues era la primera vez que iba y no quería perderme la oportunidad. Avance en el camino cojeando y sintiendo el ardor. Al culminar la caminata me fui a urgencias, ¡tardé como tres horas para que me atendieran! Cuando por fin lo hicieron, me recibió una chica joven, me preguntó el motivo de urgencia, le comenté que me había mordido un perro, que según sus dueños estaba vacunado contra la rabia, pero igual quería que me revisaran para garantizar que no tuviese ninguna infección y procurar una sana cicatrización. 

Fueron diez minutos de atención, tres horas esperando para eso, y la mayor parte del tiempo fue para tomarme los datos, a duras penas me miró la pantorrilla, me dio una prescripción para medicinas y salí. Me dirigí a farmacia y ninguno de los medicamentos estaba disponible. 

Sí me quedó cicatriz, para cubrirla dos años después me mandé a tatuar un insecto sobre una flor, en honor a la naturaleza que admiro y no dejaré de recorrer. 

 6 de septiembre de 2022

La silla de metal suena en cuanto me siento. Son las 7:30 a.m. y espero a que me llamen. Intento concentrarme en el cuento que estoy leyendo. La luz es escasa. Las personas suben y bajan las escaleras. Se sientan, se levantan. Entran al baño, confunden los interruptores y apagan la luz de la sala. La prendo de nuevo. Las doctoras van llamando a su siguiente paciente. Xiomara León. Ingreso al consultorio. Siéntese. A qué se dedica, edad, dirección, ¿planifica?, cuántos compañeros sexuales ha tenido, ¿hijos?… No ha terminado de hacerme una pregunta cuando me lanza la siguiente. Me sorprende que no haya hecho pausa para tomar aire, como máquina de atención al usuario me dice lo que vamos a hacer. Me pasa una hoja y un esfero, es el consentimiento informado que debo firmar. Me indica que ingrese al baño, me coloque la bata y cuando esté lista le avise. Me estoy cambiando y escucho: ¿listo, Xiomara? Me pongo la bata rápidamente, salgo y me acuesto en la camilla. 

Cada año el procedimiento es molesto. Es molesto desnudarme de la cintura para abajo y acostarme en una camilla. Es molesto que me digan que baje más, que abra más las piernas. Es molesto abrirme de piernas y que me introduzcan un aparato plástico. Es molesto sentir que el espéculo entra, algo moviéndose dentro de mí y sale. A eso se le suma la frialdad con la que me atiende la doctora. Así como me habló así mismo me tomó la muestra: rápido. Entro al baño, me cambio y salgo. Ella ya estaba atendiendo a la siguiente, ni siquiera esperó a que me fuera. 

Siempre que pido una cita médica, en especial de medicina general y citología, solicito que sea una doctora quien me atienda, esperando que la condición de género permita un grado de confianza en la consulta. Es claro que estar entre mujeres no garantiza un buen trato. Es claro que al personal de salud le urge una sensibilización respecto a la labor que realizan. Es claro que atienden un sinnúmero de personas, que las dinámicas diarias en los hospitales pueden ser agotadoras, pero no por eso deben olvidar que están tratando con seres sintientes. Hay trabajadores que hacen de la visita a estos lugares una experiencia no deseada, una sensación no solo desagradable sino interiorizada. 

 8 de septiembre de 2022

Ingreso al hospital. Buenos días, me podría indicar dónde encuentro a la doctora Barbosa, por favor. Siguiendo las señas llego al consultorio. Me siento en la sala de espera. 6:45 a.m. Llaman dos veces a una paciente. No llegó. La siguiente en lista: Xiomara León. Entro al consultorio. La doctora Barbosa me da los buenos días, me pregunta cómo me encuentro y me describe lo que vamos a realizar: pruebas rápidas de VIH, Hepatitis B y Sífilis. Con una aguja me pincha el dedo índice de la mano derecha y comienza a apretarlo para que salga sangre y caiga en un pequeño espacio circular dentro de una tira reactiva. Una gota para cada muestra. Luego aplica un líquido. 

Mientras pasan los quince minutos para conocer los resultados, ella me toma los datos. ¿Desconfía de su última pareja sexual? Afirmo con la cabeza. Sentada al borde de la silla, pienso ¿y si alguna de estas pruebas resulta positiva? Le hago preguntas respecto a la confiabilidad de estas pruebas, su margen de error. Me dice que en el caso de que alguna salga positiva deberé de hacerme una segunda prueba para confirmar el diagnóstico. Más que una consulta fue una conversación. Las tiras arrojaron el resultado: negativo en las tres pruebas. Los nervios se disipan. Me da recomendaciones para seguir cuidando mi sexualidad. Me despide calurosamente. 

 19 de septiembre de 2022

Llego al hospital. En la entrada pregunto dónde reclamo los resultados de una citología. En la mitad del pasillo al fondo, en estadística, me dice amablemente la auxiliar. Le doy la orden al encargado, me la recibe de manera osca, busca en una carpeta, me pide firmar y me da un papel doblado. Subo al segundo piso y me siento en una silla metálica. Pienso en que al llegar a casa debo llamar para pedir cita de dermatología, ¿será que esta vez sí habrá agenda? Cada vez son diez o quince minutos tecleando las opciones que da la operadora y al final la misma respuesta: no hay agenda disponible. 

Recuerdo la última vez que estuve con un dermatólogo. Hace unos años y por primera vez ingresé al Hospital San Juan de Dios, pasé por facturación y me indicaron el consultorio, llegué, el doctor me invitó a seguir, hizo algunas preguntas y la asistente tomaba nota en el computador. Él me pidió ir al baño, quitarme la chaqueta y la blusa y salir en brasier para mirar el pecho. Lo hice, al salir el doctor estaba rodeado de cuatro o cinco estudiantes universitarios, de la impresión ni los conté. Me pidió acercarme, señalaba mi pecho al tiempo que comentaba lo que yo tenía. La parte superior de mi cuerpo fue el tablero con el cual el profesor dio clase a sus practicantes señalando el acné con un pequeño metal delgado. 

9:00 a.m., me llaman, me levanto y me dirijo al consultorio de la doctora Diana Olmos. Entro, la doctora me saluda y me pregunta el motivo de la consulta. Lectura de exámenes, le contesto. Revisa la hoja de la citología: satisfactoria. 

 22 de septiembre de 2022

8:00 a.m., ingreso al hospital, pido un turno para farmacia, la máquina me asigna el F08. Me asomo a la ventanilla, no hay nadie haciendo fila y tampoco aparece turno en la pantalla. Veo la gente sentada, la que está de pie, la que va de un lado para otro en el reducido pasillo, todo se mueve menos los números en pantalla. Luego de una espera impaciente, F08. Me acerco a la ventanilla, entrego la orden, ella se dirige a un cajón, saca unos sobres de cartón, me pide firmar y dice la primera semana de octubre reclama la otra mitad. Pienso que ahora que no los necesito, pues ando con las piernas bien cerradas, me sobran, y cuando debí usarlos, ahí sí no los tuve en cuenta. Los condones, esos que no utilicé, después de un mes de atraso la incertidumbre me jugaba una mala pasada, ¿y si estoy embaraza? 

Por esos días me llamaron para una entrevista de trabajo, mi inquietud aumentó aún más: ¿y qué tal pase y yo esté embarazada? Era un viernes cuando me dieron las indicaciones para la entrevista al siguiente lunes. El fin de semana mi mente estuvo muy inquieta contemplando la posibilidad de la maternidad. Hablé con mi pareja y quedamos en hacer la prueba de sangre el lunes temprano antes de irme a la entrevista. Él tenía horarios rotativos en su trabajo, el domingo le tocó en la noche entonces a las 5:00 a.m. del lunes salió para el Policlínico del Olaya y pidió el turno mientras yo llegaba. Subimos las escaleras, esperé a que me llamaran, entré y ahí estaba la aguja aguardándome. Regrese en dos horas, me dijo la enfermera. 

Mi pareja y yo nos quedamos en la sala de espera, él intentando no caer vencido por el sueño y yo lidiando con la zozobra. Miraba y miraba el reloj, ¡qué manera de hacerse el tiempo tan eterno cuando la duda envuelve y maquinea la mente! Por fin, a las dos horas fui a la ventanilla, entregué la orden del examen y recibí una hoja doblada. Me acerqué a mi pareja, a ambos nos invadía una mezcla de sensaciones al contemplar las posibilidades del resultado. Bajamos al primer piso y solo al cruzar la puerta que conduce a la calle me atreví a desdoblar el papel. Nos miramos y sin decirlo en nuestros rostros se reflejaba un alivio al leer negativo.

La miel siempre es dulce. Antonia Gómez

Soy Antonia Gómez (Antonia Ospina Gómez), niña habitante del Verjón de Teusacá, cabildante actual del colegio de mi vereda, y la cabildante más pequeña de Bogotá.

Hago parte del COLMYEG de mi localidad, me interesan todos los temas que tengan que ver con mujeres, infancias y adolescencias, ambiente, arte y cultura, pero sobre todo, con la protección y bienestar de los animales.

Conformo diversos procesos formativos de arte, lectura, participo de la huerta de mi familia, hago parte de la Generación Eureka, acompaño como artista—guía algunos recorridos de arte y naturaleza en mi territorio y, escribo cuentos resaltando la importancia de la naturaleza, la memoria ancestral y campesina.

Me gustan la historia, la política, el arte, divertirme con más niñas y niños, me duelen las injusticias, por eso espero convertirme en una actriz de gran influencia y acción social. Anhelo ser veterinaria de rescate porque amo profundamente a los animales y quiero vivir para ellos.

Contacto mediante las redes de mi mami: Ana Estíbaliz Gómez Torres
IG @fressa.y,gomma
IG @uefahaoa
Facebook @fressaygomma
Presentación

Este cuento está dedicado a todos los perritos y perritas rescatados del mundo y a todos los perritos y perritas que han sido abandonados, maltratados o están en situación de calle.
También a todos esos humanos y humanas maravillosos que les brindan segundas, terceras y todas las oportunidades del mundo, a estos seres que solo quieren amarnos y llenarnos de alegría.

LA MIEL SIEMPRE ES DULCE

Y allí estaba ella sola, mojada y con hambre, caminando con desasosiego, con incertidumbre, sin saber a dónde ir.

    Caminó y caminó entre la lluvia, hasta que por fin llegó a una cabaña, fue a refugiarse en aquel lugar que parecía cálido, rasguñó la puerta, salió un hombre con un aspecto muy grande y rudo. La miró y decidió entrarla a la casa, la arropó con una cobija, ella un poco tosca, se alejó, tenía miedo, ya la habían lastimado demasiado, ya no confiaba en los humanos, pero presintió en él algo diferente. 
    Él se acercó a ella y le dijo:

    —Pequeña, no temas, no te haré daño —dirigió su mano hacia la perrita—. Mi nombre es Daniel, yo te cuidaré y te protegeré.

La perrita se dejó acariciar, se arrunchó al lado de Daniel y tuvieron un sueño muy profundo.
La perrita despertó a Daniel de un ladrido al escuchar el cacareo de una gallina.

    — ¡Que… ¿Qué pasó? —Dijo exaltado mientras se rascaba los ojos—. Ayyy apenas son las tres.
    Daniel se dio media vuelta y trató de dormir, su querida visitante siguió ladrando cada vez más fuerte, entonces él decidió ir al baño, pero que sorpresa, el piso de su cuarto lleno de popó. 

    Caminó como si estuviera en un campo minado, cada paso era más peligroso que el anterior. Cuando por fin logró llegar a el baño, Daniel ya sudaba de colores, se sentó en el inodoro y de repente descubrió algo ¡No había papel higiénico ni tampoco agua!, se puso a llorar, tenía dos opciones devolverse o utilizar la toalla, así que pensó: “De todos modos, podré comprar otra toalla”. Se limpió con la toalla, nunca se sintió tan aliviado como en ese momento, le raspó un poquito, pero igual su satisfacción fue de otro nivel.

    Daniel se levantó del inodoro, suspiró y se devolvió. Le tocaba dar pasos suaves y muy planeados. Recogió el popó de la perrita y se fue para la sala a apagar la luz, la perrita lo esperó sentada al lado de un jarrón roto moviendo su rabito. Daniel trató de mantener la cordura, recogió los restos del jarrón de la abuela María y los botó. Se acostó para ver si podía dormir otro rato, pero un estruendo en la cocina lo volvió a levantar.

    Caminó a la cocina y vio toda su loza en el suelo, al lado la perrita asustada por el ruido, Daniel tuvo ganas de sacarla, pero vio que afuera hacía mucho frío y llovía, sintió pesar con ella, así que se la llevó de nuevo a su cuarto mientras recogía todo el desastre.

    Metió a la perrita dentro de su cama a ver si se lograba dormir, Daniel pensó qué haría con la perrita, al final el sueño le ganó.

    Cacareó el gallo, Daniel se levantó a prepararse un café y mientras se lo tomaba miró de lejos a la perrita y dijo:

    —Debería ponerte un nombre… Tal vez Esmeralda —ella lo miró con duda—, no. Será Miel porque te ves muy dulce.

    Daniel se puso sus botas y salió a caminar con Miel, después de mucho rato se sentaron a la orilla del río. Daniel le habló, le contó su vida y todo lo que tuvo que pasar. Miel solamente lo observaba, pero con esa mirada él supo que ella entendió perfectamente lo que sus recuerdos guardaban.

    Miel estiró su patita y la puso sobre la rodilla de él. De pronto hizo un ruido raro, era un llanto, no tan triste, más bien de mucha nostalgia, pareciera que Miel devolviera a Daniel la confianza de compartir con ella lo que había en su corazón, y ahora, era ella quien le contaba con sonidos indecibles, pequeña y sola, lo que tuvo que vivir antes de llegar a esa cabaña.

    Mientras Miel, entre ladridos y aullidos, le contaba a Daniel toda su historia, él se dio cuenta de algo, y fue que durante esa noche que pasaron juntos, ella logró hacerlo sentir mejor, acompañado, amado y, de que a pesar de todos los males que hizo, ahí estaba un ser muy dulce, dispuesta a acompañarlo en todas sus travesías y a compartir con él una nueva vida llena de alegrías y aventuras para ambos.

Un regalo de cumpleaños zombie. Luz Miryam Vallejo

Soy Luz Miryam Vallejo nacida un tres de enero de 1978 en Villahermosa (Tolima), a los cuatro años después de la muerte de mi padre me llevaron a un hermoso pueblo llamado Santa Isabel donde estuve hasta mis catorce años, luego emigré a la ciudad de Bogotá donde he vivido el resto de mi vida.
Estudie un tecnólogo en Gestión Hotelera y un técnico en auxiliar de enfermería, en este momento me desempeño como asistente operativa en la Fundación Cultural Máktaba, la cual me ha dado oportunidad para desarrollar talentos y habilidades. 

Presentación

El desarrollo de este texto nace de una experiencia que viví hace unos años en las afueras de un pueblo en mi bella Colombia, allí hice parte de la búsqueda y hallazgo de Don Ramón, un señor que duró muchos días desaparecido. 
Su búsqueda fue toda una travesía, ya que nunca imaginamos por todo lo que tuvo que pasar Don Ramón en sus últimos días.
Esta experiencia fue a su vez gracias a un taller que realicé llamado Taller de Mujeres en Creación Colectiva dirigido por Karonlains Alarcón Forero a quien agradezco por dejarme plasmar mis letras. 

Muchas veces nos preguntan qué haríamos en una situación cualquiera, tal vez tenemos una respuesta, pero realmente no lo sabremos a ciencia cierta, sino hasta cuando lo vivimos. 
Yo nunca imaginé que fuera capaz de hacer algo así, pero sí sé que esta experiencia me dejó una profunda satisfacción por haber ayudado a alguien que ni siquiera conocía, y al mismo tiempo me ayudó a conocer la gran persona que soy.

 UN REGALO DE CUMPLEAÑOS ZOMBIE

Una tarde sentada en un parque comiendo helado con Íngrid, una gran compañera, y charlando de todo un poco, tocamos el tema de la muerte, que a muchas personas les da miedo hablar. Recordé una experiencia que viví hace unos años y comencé charlar con ella. 

Aquí comienza la travesía. 

Un tres de enero mis primas hermanas me regalaron un viaje de cumpleaños a sema Boyacá, a la finca de una familiar y yo muy emocionada, pero al mismo tiempo con el corazón arrugado por dejar sola a mi muñeca decidí emprender el viaje, sin saber todo lo que estaba a punto de suceder. Después de un largo camino llegamos, conversamos mucho y luego de ser muy bien atendidas llegó al tema la ausencia de don Ramón, un señor muy entrado en años que se encargaba de las labores de la finca de mi prima, él llevaba muchos días perdido, pero nadie lo había buscado, se esperaba que llegara de la nada, al ver que no sucedía nos unimos un grupo pequeño de personas que estábamos ahí y fuimos a buscarlo.

    Nos dirigimos a la casa de don Ramón que quedaba como a una hora caminando, finalmente llegamos, era una casa muy humilde y muy dejada. Lo primero que vimos fue dos perritos amarrados, sin comida, sin agua y muy flacos, con un llanto desesperado avisando que algo malo pasaba, los soltamos, les dimos agua y buscamos que darles de comer, solo encontramos dos galletas de chocolate muy tiesas las cuales se devoraron en segundos. Después de esto decidimos abrir la puerta principal, esa puerta que nos producía curiosidad y miedo al mismo tiempo, porque no sabíamos que nos podíamos encontrar allá adentro, después de varios intentos quedó al descubierto una aterradora imagen, que aún tengo en mi memoria. 

    Ahí estaba él, don Ramón, tirado en el piso con su cabeza bajo la cama y sus pies algo doblados, quizás el último día que llegó a dormir estaba muy borracho, y al tratar de acostarse se cayó y se golpeó tan fuerte que su cuerpo no resistió. Cerramos la puerta y llamamos a la policía, llegaron con una doctora, quien aseguró que don Ramón, llevaba dos días muerto, pero todos supimos que no era así, después debimos llamar a la funeraria y enviaron a don Jesús con un ataúd, él solito debía hacer el levantamiento porque en ese pueblo no había nadie más quien lo hiciera, ¡increíble pero cierto!

    Don Jesús ingresó al pequeño cuarto y al ver esa imagen tan aterradora, se llevó las manos a su cabeza sin saber qué hacer, estaba solo con un cuerpo tieso, el cual no podía mover, fue en ese mismo momento cuando se paró frente de todos y lanzó una fuerte pregunta: ¿alguien me puede ayudar? Pero lo único que le respondió fue un gran silencio, todos nos miramos sin saber que hacer, cuando de la nada se escuchó una voz que dijo: don Jesús, yo lo ayudo. ¡Era yo! Esa persona que le aterraba acercarse a un muerto, yo, ese día no sé qué sucedió, tal vez estaba en shock, o algo. Nunca lo sabré.

    Don Jesús y yo nos colocamos guantes, pero ¡oh sorpresa! No teníamos tapabocas, entonces cogimos unas telas nuevas con las cuales se iba a envolver el cuerpo e hicimos tapabocas para los dos, y llego la hora. ¡DIOS MÍO!, dije y me santigüé, vamos don Jesús. Teníamos que levantar el cuerpo del piso, yo lo agarré de los pies, él de la cabeza, y después de ponerlo ya en la cama, me llenó un fuerte sentimiento y unas lágrimas, al ver que en lugar de sus ojitos y su nariz solo tenía gusanos. Fue cuando supimos que llevaba más de ocho días muerto, y no dos, como dijo la supuesta doctora.

    Nuevamente surgió un problema, no podíamos asearlo en una cama sucia y llena de gusanos, así que nos tocó llevarlo al patio, encima del pasto. Don Jesús se dirigió a su carro y trajo un tarro amarillo con una manguera muy larga, era formol, después de colocarla en la vena aorta de don Ramón y conectarlo con el tarro empezamos a echar todo el líquido dentro de su cuerpo. Parecía que en lugar de matar los gusanos los estábamos alimentando, nos tocó tapar todos los orificios con algodón y mucho límpido para detener la salida de estos animalitos dementes. Luego, le quitamos toda la ropa y lo bañamos, a punta de agua traída en un balde y con una coca, yo lo estregaba suavemente con cuidado de no desmembrar su piel, imaginando que podía ser alguien de mi familia, que por más errores o cosas que haya hecho en su vida, y aunque su muerte fue muy trágica, merecía un trato digno.

    Después de dejarlo limpio lo vestimos con un traje bonito, y lo colocamos en el ataúd. Don Jesús, con ayuda de otras personas, cargaron el cajón por una trocha hasta llegar al carro donde lo llevarían a la funeraria. Yo en cambio, regresé a casa de mi prima donde me bañé y me hicieron botar la ropa que llevaba puesta, me cambié por ropa limpia e hicieron una fogata con eucalipto, yo giré alrededor de ella dizque para sacarme el frío del muerto.

    Empecé a temblar y a llorar mucho, no podía creer todo lo que había pasado, y en medio del llanto una voz me decía: Nunca vas a olvidar lo que hiciste por don Ramón. Esas palabras me ayudaron a ver lo fuerte que fui en ese momento.

    Finalmente lo llevaron a la funeraria, estuve ahí, sin embargo, no fui capaz de verlo otra vez, aunque en mis sueños si lo vi unas tres veces. Así fue como un viaje de cumpleaños se convirtió en una gran experiencia de vida.

Melisa. Clara Marcela

La que escribe para no renunciar a ninguna posibilidad del ser, para sobreponerse a la nada, para comunicar con esos otros mundos que son los Otros, para conectar, para encontrar un cielo común, para hallarse en una calle de la ciudad que sea todas las calles, para aliarse al tiempo, para vencer el sinsentido.

Instagram @lanaranjabrc

Presentación 

Este escrito nace del agobio por las incertidumbres, y de la necesidad de alivio. Nace de la presunción de que hay vidas que encuentran sentido en otro lado que la mente humana, y de que ese sentido no es una ilusión o una verdad subjetiva, sino algo simple y conectado al Cosmos. 

 Nace del acecho del misterio de las propias inclinaciones: las noches, los sueños, los bosques; pero también de la proclividad a aceptar, incluso con entusiasmo, lo mezclado, lo contradictorio, la misma incertidumbre, el agobio, las oscuras inclinaciones y la vida cotidiana.

 MELISA

 Melisa no sabía si le gustaban los pensamientos y sensaciones que se le agolpaban, en esas tardes en las que la pereza la ayudaba a dejar de perder el tiempo; tardes en las que, de hecho, recuperaba el tiempo, porque lo tenía todo consigo, y podía detenerse y hasta juguetear con las aves que venían ligeras a revolotearle en la cabeza.

     Y sucedió, un día de la semana pasada, a la hora en que salía a estirar las piernas, enderezar la espalda, beber café, respirar hondo y, con suerte, tomar un poco de sol. Su cuerpo experimentó una necesidad de sacudirse sostenidamente, sensación que no pudo controlar, por la rapidez del movimiento que extrañamente había alcanzado —extrañamente, ya que no era, en los últimos años, muy ágil con su cuerpo: no hacía una buena oscilación de cadera que la pusiera en la categoría de twerkinista o perreadora intensa—. Pero ese día sí, sin darse cuenta, su cuerpo se meneó, se meneó, se meneó… y unas membranas se separaron de su espalda. Y se elevó. Le pareció entonces que perdía el equilibrio y, tratando de recobrarlo, tambaleó de verdad, casi cayendo, pero repuso su vuelo, como si fuese un reflejo. Escuchó un zumbido muy cercano, tras mirar a todos lados ¡¿al tiempo?! se dio cuenta de que era ella la que ¡zumbaba!, mientras… ¡Volaba!, mientras miraba ¡en muchas direcciones, a la vez! ¡Plenitud! Lo más parecido al ser ubicuo que, desde su abismo anhelaba. 

    Un olor la arrastró sin contar con su voluntad. Su cuerpo obedeció a movimientos instintivos que le nacían del centro del abdomen y la impulsaban a un lugar, a seguir una dirección que, al principio, creía indefinida, pero que tras un vuelo, cesaba el impulso, y entonces lograba comprender: se encontraba sobre muchos pelitos de colores con aromas intensos y que le proporcionaban gran placer.

     Sintió hambre, un enorme deseo, y besó el néctar que le era entregado profusamente por ese lugar-ser-magia-color, bebió sedienta y recogió como pudo, adheridos a lo que parecían ser vellitos en sus piernas, unas bolitas coloridas y deliciosas que sabía, con claridad, que debía llevar a sus hermanas. ¡Todo tenía tanto sentido! La movía una inteligencia que no parecía estar en ella, venía de otra parte, no parecía tener adentro la máquina loca e incansable que oscilaba entre una incertidumbre y aquella que constituía su contrario …y aquella de más al centro. No. Todo era certezas, más bien impulsos, claros, incuestionables. Y los resultados: placenteros, satisfactorios. Estaba su placer y unido a este, estaban los Otros, el bien colectivo, el universo entero dependiendo de su contundencia, sin dudas. Estuvo yendo y viniendo un rato, saludando y señalando a otras sus hallazgos, danzando en el viento, creando los climas de su mundo.

    Más tarde, su cuerpecito desaceleró su vibración, su energía desbordada. Sintió que sus alitas se plegaron a su cuerpo y se fundieron con este. Tomó de nuevo la forma anterior, que le parecía que no era tan suya como antes de esa tarde, pero aceptó su metamorfosis, aunque extrañaba el contacto cercano con sus hermanas: quería batir sus alas para, junto a las demás, evaporar el agua del néctar que había llevado al lugar de la colonia y transformarlo en el alimento de esas otras, a la vez, sí misma, que estaban formándose en pequeños úteros colectivos. Pero se resignó al sinsentido de su individualidad, fue a la cocina y mientras lavaba los platos, dejó ir su mente, de nuevo a una cosa y su contraria, a sus incertidumbres permanentes, y comprendió en un momento cuál era el placer que sentía al preparar el alimento con el que sostendría el cuerpo de sus acompañantes de la casa humana, comprendió que sostenía también sus almas y quiso seguir cumpliendo también esa tarea.

     Lleva ya una semana, una buena parte de una vida zumbante, en la que parece desaparecer cuando sale a tomar café al patio de enfrente, su taza queda por ahí en cualquier parte y las gentes de la casa humana no la ven por un rato. Lleva ya una buena parte de su vida, una semana, tal vez, que sus hermanas deben correrse un poquito para aletear y zumbar cerquita sin ese huequito que queda descubierto, para que el calorcito no se escape; quisieran verla allí, sentirla cerca, saberla unida a ellas siempre, pero saben que cada tanto se la cruzarán en las flores y las corrientes de aire, en la entrada a la colmena y en los paneles de cera. Hasta entonces, la piensan un poquito y le desean buen vuelo. Hoy Melisa, así como acepta que desaparezcan sus alas y se sienta aletargada, goza también de la piel y los olores humanos. Y sí, acepta también, temporalmente, las incesables incertidumbres; acepta que todo le pase, sin tregua: la sabiduría y la locura, la exclusividad y la exclusión, la totalidad y la nada, todo, sin tregua. Acepta, y sabe que, en un rato, o acaso dentro de todo el tiempo que cabe en un instante, confiará en la claridad que le llega de otra parte, su vuelo sin dudas.



Poemario. Daniela Esperanza Sierra Romero

Tengo 26 años y vivo en la ciudad de Bogotá, soy escritora sin público, periodista de medio tiempo, emprendedora de medio tiempo, medio artista, medio estudiante, medio cinéfila, medio lectora. Aprendo día a día a darle caos a mis letras. 

Querido posible lector

La principal razón por la que entré al taller de mujeres fue el concepto de la habitación propia de Virginia Wolf. Me sentía consumida por el día a día, abstraída por la violencia del transporte público y de un trabajo menos artístico de lo que deseo. 

Entré a este taller buscando algún tipo de espacio en el que me sintiera segura para escribir; dentro de los ejercicios de clase, encontré en las entradas al diario la oportunidad para confrontarme con la posibilidad de que no es necesario encontrar espacios propios, ni poesía rimbombante, ni la romantización de sutiles momentos en la vida. Doce poemas son el resultado de las entradas al diario, no solo la búsqueda de la belleza, el encuentro por la libertad dentro de la rutina, es abrazar el día a día y las malas poesías que surgen de las habitaciones oscuras. 

Nota poema 1: Querido lector, en el ejercicio del primer día jugué a las escondidas como en la infancia, volví poema a mi abuela para que se mantenga viva, para que sepa los caminos de regreso, para que nunca se pierda en mi memoria. 

LA CUENTA PASOS

Uno

Dos

Tres

Contábamos los pasos

Uno

Dos

Tres

A la derecha, un poco a la derecha

Buscando siempre

al mito

a la leyenda

La abuela siempre dijo

Alguna vez dijo

Alguien dijo que lo dijo

Y nosotros le creímos

Que había, había un gran había

un tesoro, una guaca

y así siempre contábamos los pasos

Uno

Dos

Tres

Y lo buscábamos, siempre lo buscábamos

aunque los contábamos mal

Y nunca llegábamos, o llegábamos mal

Nos perdíamos en el

uno

en el dos

y en el tres

Buscando a la abuela

a que apareciera

en el tesoro

en su legado

en lo que dijo

Nunca

Dijo

¿Tal vez lo dijo?

Llegamos a la cocina

Al baño

Al patio

Hasta que apareciera

Siempre contando

al uno, al dos y al tres.





Nota 2: Los sueños tienen el poder de hacernos libres, nos ubican en los espejismos más confusos del inconsciente, aprovecho para hablarme mientras sueño, ya que sería incapaz de mentirme dormida. Este poema es el resultado de esta posible conversación. 


TE SOÑÉ 

Soñé contigo

Tu presencia, tus palabras 

Te soñé a ti, completo e incompleto 

Monosílabo… tú

Una sola palabra retrae tu nombre, tu silencio e indolencia 

Mi lápiz te dibuja y se retracta 

te analiza, te pierde, te construye y te deforma

Pienso, deduzco tu irrealidad

imaginario, imposible, complejo 

No pareces mío, no eres propio 

Eres solo mi imaginación, una palabra 

un silencio

un monosílabo más sublime

Eres yo… soy solo yo. 


Nota 3: Procuro no pensar para no dejarme consumir por estas ideas que ponen en duda mi fe, que hacen que me pregunte una y otra vez por mi destino.


DUDA TEOLÓGICA  


Te conozco, sé quién eres, he leído sobre Ti 

Te he buscado y lo sabes. 

En textos, palabras, paradojas y sueños

Has escuchado mi llanto, el sonido gutural de mi sufrimiento,

y yo solo lo tolero, para llegar a Tu presencia 

Escuchar Tu voz… Ese mensaje divino que nunca llega.

 


Nota 4: Querida angustia, el miedo hoy lo convierto en poesía para poder continuar con mi camino.


VERDAD 

No te niego que tengo miedo,

                                                  no sé cómo continuar 

Es difícil correr riesgos, tomar distancias 

                                                  actuar por convicción, 

No lo niego, tengo miedo, pero estoy confiada

                                                     Me siento libre. 



Nota 5: Escuchar noticias en ocasiones produce las más oscuras sensaciones.


SANTA INQUISICIÓN

El miedo ha vuelto

No tiene cara, ni voz

Viene por nosotros,

la sensación de un impreciso deja vú

que nos remonta al pasado,

a las noches de angustia,

y al día perpetuo

Solo…

Hasta despertar de la agonía de

El silencio.



Nota 6: Si guardamos un poco de silencio, podremos encontrar la soberana poesía en la cotidianidad, sencilla, abstracta y disuelta. 


SEGUNDA NOCHE 


Anoche tuve que morir 

una y mil veces 

para sonreír tranquila

Vivir solo tiene sentido

al morir una y mil veces más.



Nota 7: Andar en Transmilenio en ocasiones nos hace seres hostiles y sin esperanza.


DÍAS DE MIERDA

NO Poeta de Transmilenio

Hay días de mierda como hoy,

donde el más puro poeta deja a un lado los versos

… No hay nada que decir

Ni que pensar

Ni que extraer

Ve cómo su existencia pasa

mientras finge que los días de mierda no existen

hasta reducir por completo su existencia.


Nota 8: Este poema corresponde a la ambigüedad del día a día de la escritura.

BITÁCORA 


Decidí escribir

todos los días

para no morir

todas las noches

Y aquí estoy

                      Medio viva

Medio muerta



Nota 9: Este poema es una cercanía amorosa a la relación con mi padre, los caminos que andamos juntos, el crecer, el madurar e irme de casa.

PRIMER ACTO

La niña de los ojos de papá

la que se acuesta en su barriga,

mientras viajan por el mundo

Aprietan sus ojos,

para divisar mejor los paisajes

hasta quedarse dormidos.


La niña de los ojos de papá

esa cachetona de cabello alborotado

que se atraganta de dulces y helado


La niña de los ojos de papá

esa a la que le enseñó que lo tiene todo

si está con él.


SEGUNDO ACTO

Papá está sentado mirando la nada

En silencio

como si con mirarnos a los ojos pudiéramos adivinarnos el pensamiento

Acepto su silencio como un regalo

Sé que papá está pensando qué decirme

preguntándose si todavía soy su niña

Si lo único que tendremos por compartir

son recuerdos, como si ya fuera otra

Vuelve a mí, me mira a los ojos y sonríe

Ya lo hemos dicho todo, así somos nosotros

Lectores de silencios, detectores de miradas

Saca un librito de la mesa,

ahora ese libro es nuestro puente

la certeza de decir lo que se tiene que decir

sin mucho ruido de fondo.



TERCER ACTO

Viajábamos libremente

sin problema

sin tapujos

compartiendo gustos y pasatiempos

unidos

No importaba qué tanto creciera

siempre sería la niña de sus ojos

Yo lo disfruto

La certeza de que alguien está ahí para ti

sin importar nada

ni el tiempo

ni la distancia

ni los silencios

Una conexión eterna

entre el padre y su niña que ya no es tan niña.


PRÓLOGO

Pronto se irá de casa la niña

Vivirá sus aventuras

Se conocerá así misma

Personas nuevas

Amores nuevos

Pronto probará su voluntad

y lo que ha aprendido a través del tiempo

Lleva su maleta llena

de enseñanzas y valores.

Carga la historia de sus padres

Buscará ser amada y respetada

como se lo enseñaron en casa

Pronto se irá de casa la niña

llena de voluntad y amor

sabiendo que siempre hay un camino de regreso

un lugar al que pertenece.








Mis escritos. Carolina Bejarano.

 ¿POR QUÉ ME GUSTA ESCRIBIR?  Escribir es la forma más sutil que puede utilizar para expresar mis sentimientos y mis pensamientos de todo aq...