Cartas que jamás entregaré. Lizeth Rátiva

 Es difícil verme desde afuera. 

No soy todo lo que creía, ni tampoco lo que quería ser.

Solo sé que me alegra conocerme a través de las historias que imagino,

de las anécdotas que vivo,

de las cosas que escribo.

Sueño con verlas en pantallas, impresas, en bocas de otras personas.

Desde adentro veo que soy lo que soy y que voy en camino. 

Instagram @Liz_Liszt

PRESENTACIÓN

Quiero reencontrarme con la Liz de hace años que se entregaba con ligereza a una hoja de papel, que se sentía libre mientras su mano se deslizaba sobre los renglones, plasmando allí sentimientos, temores y deseos, dejando el cargamento de palabras y sintiéndose liviana, tomando cada letra como ficha, como pieza maleable, como amiga. Quiero divertirme mientras fusiono, ensamblo, borro o transformo un texto, una vivencia, pensando en eso: en liberarme y en permitir que quien quiera pueda venir a jugar conmigo.

Quiero dejar andar al instinto, pero antes, buscarlo en el olvido y liberarlo. Quiero que me perdone por desestimarlo, por forzarlo, por ocultarlo, por imponerle tantas normas, reglas y decálogos que con exceso lo fueron borrando. El cuento es mi razón de vida. Tengo hijos cuentos e hijas historias a quienes amo. Pero sí, necesito volver un paso atrás. Si viene la época de contar, pues vendrá, ya aprenderé; pero por ahora necesito solamente hablar, soltar.


A

«Los personajes y hechos retratados en estas cartas son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es mera coincidencia».

a

«Cartas basadas en hechos reales, sucedidos entre 1990 y la actualidad».


DOMINGO

A mi amor imposible

Siempre veo tus fotos, tus historias de Instagram recorriendo el mundo. Te veo feliz y pleno y eso también ilumina mi vida. Mientras tú creces, yo estoy acá marchitándome, dejando que mi vida pase sin buscarte, sin vivir. Siento que entre tú y yo hay algo pendiente, algo que nunca pudimos concretar y que los dos quisimos, que los dos deseamos fuertemente. Sé que también me piensas. Recuerdo nuestras conversaciones en los pasillos del teatro, en los cafés de la séptima, en los buses mientras nos transportábamos a donde nos llevara la tarde. Lo importante no era el lugar, sino poder estar juntos. Espero el momento en Madrid, en México, o aquí…, en donde sea, en que podamos reencontrarnos, abrazarnos y saber que debimos vivir tantas cosas para volver a estar juntos. Tengo tu mirada brillante grabada en mi mente, la forma de tu boca al sonreír, cómo se sentía mi corazón cuando corríamos de noche en las calles de Chapinero y nos besábamos en cualquier esquina. Te tengo tan presente, así estés del otro lado. Te anhelo de formas inimaginables. Tengo grabadas tus palabras diciéndome “Liz, me hubiera encantado tener algo contigo”. Quiero decirte que han pasado tantas personas por mi vida, pero tu fantasma, tu presencia y tu energía siempre están para recordarme que no tengo mente para nadie más. Claro que he seguido mi vida sin ti, llevo casi siete años así. También he visto tus travesías, tus amores, y de verdad, me alegra que «la estés rompiendo». ¡Eres un hombre tan inteligente y talentoso, aparte de hermoso y buen amante! Esa combinación es muy difícil de conseguir. Sin embargo, seguirás siendo objeto de mis cartas sin entregar, de mis conversaciones ficticias y de nuestros desencuentros. Gracias por permitirme sentir lo que pensé que era solo para los demás. Sigue así de libre, sonriente y aventurero. Yo seguiré contemplándote y alegrándome en silencio de tus logros, mientras que me pudro en un trabajo que no me gusta, fingiendo sonrisas y dejando que el peso del tiempo me aplaste. 

MIÉRCOLES

Al innombrable

Lo nuestro no fue odio a primera vista, pero sabíamos que algo no andaba bien y que el amor que tuvimos en ese entonces llegaría a ser inversamente proporcional al fastidio que nos tenemos hoy en día. Lo que siento hacia usted no es odio de alegrarme cuando las cosas le salen al revés. No. Es odio de no querer verlo nunca más. Hago una aclaración: si estuviera en mis manos hacerle el mal a usted, no lo haría. Pero, si de mi dependiera hacer una obra buena para salvarlo, tampoco movería un dedo. 

¿Sabe? A veces tengo un día maravilloso, hasta que escucho su nombre que es tan común como José o María. Lo escucho en los noticieros, en los comerciales, hasta en los ejercicios de la cartilla de matemáticas de mi hija. Y de inmediato se me viene a la mente su inmunda expresión, su cara con ojos espantados y una risa a medio dibujar. Cuando veo esa sonrisita artificial y estúpida, siempre pienso ¿Y este tipo qué trama? Confieso que no sé cómo reaccionar ante eso. Detesto cuando debemos compartir alguna situación porque con su presencia me siento atada, incómoda, fastidiada.

No soy rencorosa. Es más, soy reconocida por pasarme de ingenua y buena gente. Pero en este caso, mi sentimiento se queda corto, porque usted en realidad es un ser desgraciado, ególatra, inhumano y mentiroso. Y sí, lo detesto por el «mínimo» detalle de que me pisoteó, me redujo a una ínfima expresión, me vio vulnerable, enferma y me lanzó a la calle. Pero irónicamente también le agradezco porque logré florecer entre tanta mierda que viví a su lado, empecé a hacer lo que quería de mí, conocí otras mentes y otros cuerpos, otras formas de hacer las cosas, otras facetas de mí misma que iban más allá de rendirle pleitesía a un pelele, de arrullar a un insomne y cambiarle los pañales a un niñito grosero, y crecí, me hice fuerte. Gracias a sus perradas escapé del triste destino de conformarme con tan poco ser, con las sobras descompuestas de un tipo machista y mentiroso. 

Así como se promueven las declaraciones de amor, las declaraciones de odio también deberían ser aplaudidas, tener una banda sonora y, por qué no, celebrar un día del odio y la enemistad. ¡Claro! Podríamos establecerlo el 15 de abril, sí, el mismo día de su cumpleaños. Por mi parte, yo me esmeraría en el regalo, sería algo así como una de esas bromas idiotas que le hace usted a la gente. Luego de llorar de la risa por su grito despavorido, posaríamos con desagrado para la foto; acto seguido, lo tomaría de ese cabello grasiento (el poco que le queda) y clavaría su cínica cara en un pastel, con mucho gusto y violencia, mientras usted grita con los ojos llenos de crema y todos los invitados vitorean mi osadía. 

Hay algo que sí me da piedra y es que cuando hago mi confesión de odio hacia usted, la gente sale con la frase de «Déjelo ir», «Es que todavía lo quiere». Yo sólo sonrío y digo que no es así. Pero en el fondo, me gustaría gritarles que me da un asco soberano acercarme a usted, sentir su olor a ese perfume amaderado que cansa el olfato de cualquiera, que detesto tener que tragarme ese aroma que usa hace años para disimular su halo apestoso y tener que escuchar su voz en las llamadas que, por obligación, debo escuchar, porque lastimosamente nos une un vínculo innegociable y debo saludarle con cortesía. En resumen, cada vez que lo veo debo disimular las náuseas que me produce, cuando en realidad quisiera que se perdiera en un desierto, que se lo tragara el mar o que se largara para siempre. Cada vez que la gente sale con esa frasecita barata asumiendo que yo siento estima por usted o que «donde hubo fuego cenizas quedan», también, de a pocos, los empiezo a odiar a ellos. También odio a la versión mía de ese entonces, de hace años, la mujer tonta y pura que le entregó todo su tiempo y esfuerzo a tan frío ser. 

VIERNES

A la persona que ilusioné

PERDÓNAME por mi irresponsabilidad afectiva, por mi falta de atención, producto de mis carencias emocionales. De muchas cosas no soy culpable, pero de otras sí. Me culpo por no decir las palabras claras y por comerme los NO con silencios que te confundían y ser totalmente consciente de eso. Por ilusionarte, por permitir que invirtieras tiempo, amor y dinero en algo que yo desde el principio sabía que no iba a funcionar. Perdóname por decirte que me hacías falta cuando en realidad solo quería tenerte dentro de mi radar, que no te me escaparas. Estaba herida, arrastrada y tu llegaste para levantarme y hacerme sentir deseada. Discúlpame, de verdad, por las llamadas que te hice solo para pasar el tiempo. Por responder a tus palabras eróticas, fingir orgasmos y enviarte nudes simplonas solo para inflar el ego de ambos. Por los insípidos besos que te di, porque mientras tú tenías los ojos cerrados, yo vigilaba que nadie nos viera. Perdóname por mentirte, por seguir el juego sin importar que el trofeo fuera la confianza en ti mismo, tu amor propio, tus deseos de seguir amando. Yo también tengo que perdonarme por refugiarme en pendejadas para obligarme a quererte, y también confundirme y luego sentirme sucia, vil y despreciable. Seguramente tú ahora estas con alguien que supo dejar de lado los prejuicios, estás siendo amado y teniendo buen sexo, buen amor y buena vida. Yo en cambio estoy sola, completamente sola, carente de amor y cuidados, de deseo, de placer, escribiendo lo que jamás me atreví a decirte y que, seguramente, jamás escucharás de mi parte. 

JUEVES

A mi padre

Papá, tu voz siempre me acompaña. Ese «mijita» con tu inconfundible voz que retumbaba en los pasillos de la casa, esa voz que aún me despierta y me arrulla. Esa voz que llega de repente a mis oídos y a la media noche me hace doler el pecho. Tu recuerdo siempre me alegra, me conmueve, pero también me destruye. Tu ausencia es mi mayor debilidad. Te extraño tanto, Papá. Anhelo como a nada en el mundo un abrazo tuyo, una llamada, un paseo dominical. Extraño tu manera de mostrarme el mundo, tu confianza en mí, tu afán de que fuera una mujer fuerte, una mujer «todoterreno». 

Extraño lo que vivimos, pero también lo que no. Lo que se quedó en planes. Ese paseo familiar que nunca tuvimos porque trabajaste de sol a sol, de domingo a domingo, porque permitiste que te humillaran, que abusaran de ti, de tu tiempo, de tu salud, solo por nosotros. Para que no nos faltara la comida, para que tuviéramos unos zapatos nuevos y para cumplir nuestros caprichos.

 Papá, papi, pa, ya se van a cumplir seis años desde que te vimos morir en nuestros brazos, pero cuando suena la puerta algo dentro de mí se alegra porque por reflejo, pienso que eres tú. Tengo algo grande por resolver, ese vacío inmenso que me dejó tu ausencia. Papá, ya no creo en los hombres. Muchos me fastidian, les tengo miedo. Muchas veces te busqué en ellos. Busqué alguien que me protegiera, que me respaldara, que me defendiera. Pero desde que entendí que eso buscaba, ando sola. 

Papá, papi, pa, he crecido. He trabajado fuerte estos años, pero ya no quiero más. Perdóname pá, pero no quiero repetir tu historia. No quiero llegar a mis sesenta años o esperar una pensión para darme cuenta de que entregué mi vida a otros y ahora no puedo disfrutar lo que quería. Papá voy a saltar, voy a estudiar, voy a hacer cine. No quiero que te preocupes, no voy a morir de hambre. Creo que primero me moriría de tristeza por no hacer lo que quiero. Me gustaría haberte enorgullecido más como psicóloga, como doctora o como la dueña de una empresa, pero soy sensible, quiero crear, quiero estar tranquila. Voy a estar bien, papá. Te lloro a diario, te extraño tanto, pero quiero dejarte descansar. Todo saldrá bien. Te amaré y te recordaré siempre. En especial, porque te asumiste como mi padre, me acogiste como tu hija y nunca, nunca, me reprochaste tu amor, tu sacrificio, por el contrario, siempre me amaste, me respetaste, confiaste en mí y me pusiste a prueba. Fuiste mi PADRE porque me diste alas, porque me impulsaste cuesta abajo para que me diera cuenta de que ya sabía montar bicicleta, porque me dejaste subir a los andamios para trabajar contigo, porque me regalaste amor camuflado en tu sazón, porque me enseñaste y me formaste con lo mejor de ti. 

Te amo, te amaré eternamente... 

SÁBADO

Al tipo ese

Todo este tiempo, sin conocerlo, sin saber que usted existía, me la pasé extrañándolo porque llevaba un vacío que ahora puedo nombrar. Me sentía en el lugar equivocado, intuía que algo me faltaba, hasta que me enteré de que su sangre corría por mis venas. 

Papá es una palabra que NUNCA le va a quedar, señor. Mejor sería la de cobarde o como le llamo siempre que me refiero a usted «el tipo ese» porque ni siquiera el término «padre biológico» le queda. 

Como siempre huyó de mí y se encargó de borrar cualquier rastro para que yo no lo encontrara, formé su imagen a partir de lo que me contaba mi mamá. Dicen que yo saqué sus ojos, su boca, su color de piel. Menos mal no saqué su corazón y no fui criada por usted, porque no sería quien soy. 

Intenté llamarlo, buscarlo, incluso sé dónde vive, pero ya no vale la pena. 

Ya escribí cuentos donde recreaba esa cita que nunca existió, porque usted no quiso asistir. Ya recorrí por días ese lúgubre pueblo, y lo esperé en las tiendas con olor a orines donde usted llegaba a tomar cerveza. No sé por qué pensé que llegaría, que me encontraría porque me quería ver. Cuando lo único que fui yo para usted fue un «descache», un error. Lárguese con su familia real, con las personas que sí merecieron sus consejos, su amor, su cuidado. 

Ya no quiero dedicarle más letras, ni más llamadas, ni más esperas.

MARTES

A mi amor platónico

Vienes de un mundo tan diferente. Eres libre y salvaje. Me seduce tu mente, me envuelven tus palabras, admiro tu visión de la vida en donde priman la paz y la sensatez, pero también la diversión y la travesía. Me regocija pensar que ocupo tu mente, que soy el objeto de tus canciones. Mientras te canto, mientras te escucho, siento que desde la tarima no dejarás de mirarme. Entonces yo te deseo entre la multitud eufórica que también te desea. Pero a diferencia de todas ellas, que sueñan despiertas, yo sí recuerdo con lucidez lo que ha pasado entre los dos, porque solo yo sé lo que esconden tus miradas fugaces, sé cómo has delirado, sé cómo hemos disfrutado, y que tengo el privilegio de agarrarte fuerte mientras juntamos nuestros rostros de goce, nuestros lados vulnerables.

Claro que esto es un sube y baja, lindo. 

Así como fantaseo, muchas veces me siento pequeña para ti ¿Qué podría yo aportarte? Si ya has vivido tanto. Si eres un hombre guapísimo, talentoso y sabio. Si has viajado. Si tu porte perfecto combinaría con una mujer brillante, delicada, interesante; un mujerón que avanzara a tu ritmo y que también te obligara a correr, que te retara y te satisficiera a todo nivel. Me desconozco y me culpo por este lado mío, esta faceta contaminada por los estereotipos. Ahora solo te ofrezco estos vestigios de mujer que dejaron otros desgraciados.  Esta mujer herida que se califica tan duro y que en días lluviosos como hoy, piensa de forma vacía, porque está desgastada, gorda y cansada. Porque vive encerrada entre sus miedos, soñando con romper esos muros y lanzarse al abismo. Ese es el precio de crecer en el mundo de las redes, de los likes y de pagar internet para stalkearte en las noches. Lucho cada día contra esas exigencias, y también contra este estúpido y necesario instinto maternal que busca cuidarte para hacerme saber grande, fuerte, valiosa. Suena tan cliché y me apena decirlo. 

Claro que hay días de sol en que me veo tan sexy, en que tengo ideas tan brillantes y me dan ganas de comerme el mundo. Solo en esos momentos de grandeza es que te siento mío, entonces me encierro en el cuarto, busco tus videos en Youtube y los pauso a cada rato para contemplarte y tener encuentros cercanos que solo yo recordaré. 

LUNES

A mi primer «amor»

Me da risa tu recuerdo, o mejor dicho el recuerdo mío cruzando la ciudad de norte a sur para estar contigo. Fui una adolescente ilusionada y osada que andaba en la calle a medianoche corriendo tras de ti, que no prestaba atención en las clases de física por estar esperando un mensaje tuyo en su Nokia 1100. Una mujercita que rayaba las últimas hojas de su cuaderno con tu nombre, que se trasnochaba haciendo cartas de amor con piolines y corazones que luego se desharían en tu billetera. La que se quedaba vestida y maquillada un fin de semana esperándote, para que el domingo en la noche dijeras que no alcanzabas a llegar. Y entonces se deprimía, se encerraba en el cuarto y se enroscaba en la ansiedad. 

Escapé de mi casa, tomé un alimentador, un Transmilenio, otro alimentador y luego caminé por cuadras oscuras para llegar a un cuarto alquilado y húmedo, y te regalé mi virginidad. Fui esa chica que en su primera vez calló el dolor y dejó salir alaridos de «placer» para que te sintieras macho machote, un semental, insípido animal pene grande. La que se quedaba callada cuando te perdías en las tetas de otras mujeres en el barrio, porque esperaba que algún día le crecieran así y poder complacerte. La que salió corriendo una madrugada de tu casa mientras le gritaban ¡perra! Esa vez me sentí sucia, utilizada y llena de un olor a cigarrillo que nunca disfruté. 

Llegaba a casa y me aguantaba los regaños de mis padres, porque creía que valías la pena. Solo quería demostrarte que estaba grande, que estaba lista para andar a tu ritmo, pero no quería hacer todo lo que hice por ti, pasando por encima de mí. Aun así, me da risa aquella época, cuando metí en el closet a mi alma rockera, para aprenderme junto a ti las letras de Ivy Queen y Daddy Yankee. Eso, en verdad, me da resaca. 

También recuerdo esa última vez que te vi. Cuando, de nuevo, atravesé Bogotá para besarte, pero justo antes de salir de donde estaba escondida, en aquel centro comercial, decidí que no merecías tanto amor y te dejé ir; porque te reconocí caído del altar, humano y mortal.

Me produces risa, como la que te brota después del llanto, cuando ya te has resignado y solo te queda reír y olvidar lo perdido ¡Ya qué! Fuiste afortunado. 

Saludos a tu madre. 
















Ya vendrán más semanas para amar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mis escritos. Carolina Bejarano.

 ¿POR QUÉ ME GUSTA ESCRIBIR?  Escribir es la forma más sutil que puede utilizar para expresar mis sentimientos y mis pensamientos de todo aq...