Mis escritos. Carolina Bejarano.

 ¿POR QUÉ ME GUSTA ESCRIBIR? 

Escribir es la forma más sutil que puede utilizar para expresar mis sentimientos y mis pensamientos de todo aquello que se encuentra a mi alrededor.

Expresar por medio de la escritura es algo muy renovador, pero también podría ser abrumador, en fin, puedo plasmar muchos sueños, anhelos, que tal vez se puedan materializar ¿Por qué no? en la realidad de lo que algún día imaginé.
Infinitas gracias debemos de dar a Aquel que hizo posible que pudiésemos escribir ¿Qué sería de nosotros sin podernos desinhibir de tantas bellas letras? Nunca dejaré de escribir.


MUJERES ESCRITORAS

Composiciones escritas por Carolina Bejarano

Las siguientes composiciones tienen por objeto servir de referente para muchas mujeres a motivarlas a expresar todo lo que piensan y sienten por medio de la escritura. El taller de Mujeres Escritoras en Creación Colectiva fue muy alimentador puesto que se evidenció muchas formas de escritura, además fue una gran oportunidad de abrir lo más íntimo de nuestro corazón, dejar volar nuestra imaginación y conocer lugares inimaginables que nos generaron paz y tranquilidad para verterlas sobre el papel, tomando quizás una pluma, un bolígrafo y ver plasmados muchos sueños, emociones y diseñar variedad de historias para dar como resultado escritos maravillosos para ayudar a otros y seguir tejiendo diversas experiencias.

Agradezco a todos los que hicieron posible este espacio tan enriquecedor qué me dejó una enseñanza muy valiosa, para el caminar de mi vida.

NOSTALGIA 

En un atardecer llanero
Caminaba rumbo a casa
Cavilando en mi cabeza 
Cómo adoptar un perro.

Observé hacía el horizonte 
Qué venia un galeno 
Qué caminaba con tanta prisa y llevaba 
Consigo un perro.

Le grito ¡oiga pariente!
Regáleme pues el perro, 
Me miró de arriba, abajo 
Y susurró como un pendejo.

Le Conté qué me sentía sola y triste y 
Sin consuelo.

Esa casa está tan grande, qué yo misma 
Ni me encuentro.

En ese mismo instante me entrego este lindo perro
Qué hasta el día de hoy acabó con mis desvelos.

En honor a mi perro “Chapito Guzmán” 


UN DÍA INESPERADO 

Era un día de verano
Y yo en el colegio estaba 
Practicando unas tonadas qué muy poco me gustaban.

Mientras que afuera gritaban que un raro virus se dispersaba.

Preguntando a la profe qué era lo que susurraban, qué interrumpen las clases que ella cansada dictaba.

A la hora de salir yo a la profe no encontraba, me di cuenta que corría como una loca desesperada.

Buscando mascarillas para taparnos las caras 
No sabía que pasaba, todo el mundo alegaba por un virus desconocido que nadie se lo esperaba.

Mi mamá me recogió sin saber lo que pasaba 
Y doblando en una esquina me compró una empanada qué comí con tanta ansía que en el virus no pensaba.

Vaya virus no esperados que la nostalgia nos ha dado.


LA ÚLTIMA VEZ QUE TE VI

(Carta no entregada)

No puedo aun creer que te hayas ido, té fuiste sin decir adiós, me dejaste un gran vacío qué golpeó las fibras más profundas de mi débil corazón 
Jamás imaginé tener que verte partir, todo me parece un sueño que aún no logro comprender.

El recuerdo más maravilloso que me pudiste dejar fue verte tan feliz compartiendo con tus hijos, en aquel bello paisaje que fuimos a conocer.

Fue un día con un clima tan variado que no sabíamos qué hacer.

Recuerdo tanto, qué abrimos el corral de los corderos y sé que salieron a correr porque temían tanto que nos los fuéramos a comer, reímos tanto que hasta se me rompió el brasier.

Me dejaste tantas fotos que por cierto guardaré, para no olvidarme nunca que por un día me hiciste muy feliz. 

Té deseo un feliz viajé mi hermosa picaflor, sé que vas a estar tranquila disfrutando del amor donde no existe la indiferencia, la crueldad ni él desamor.

Con amor tu Tía.

Carolina Bejarano Sep/ 2022




Entradas de diario. Ana Estíbaliz Gómez Torres

 Soy una mujer que le apuesta a la creación de nuevas formas de vivir y relacionarse. Desde la creación artística y la necesidad de comunicación, escribo mi perspectiva de mundo y mi visión de la complejidad humana. Abierta para el encuentro y la expresión.
¡¡¡Amor bonito, libertad y vanguardia!!!
Artivista en asuntos de mujer y género, mamá de tres, mujer rural, amiga de los animales y el ambiente, formadora popular, ambientalista, emprendedora, y sobre todo gran amiga.


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Presentación

Situaciones como estas, tan cotidianas y comunes pueden darse en el marco de padecimientos emocionales no tan evidentes y que podrían ser síntomas de trastornos más complejos como depresión, ansiedad, bipolaridad, estrés, etc., que por sus características tan normalizadas pasan desapercibidas, pero silenciosamente están manifestando que algo no funciona, que no estamos bien.

Históricamente a las mujeres se nos ha asignado el cuidado de los otros, se nos ha cargado con una serie de “instintos” que, aunque necesarios para la supervivencia y ejecutados de una manera afectuosa sobrellevan las familias y las sociedades, hemos relegado el cuidado de nosotras mismas, al último rincón de las actividades posibles dejándonos siempre detrás de lo demás.

Sumado a lo anterior la imposición del ser como elemento productivo no nos da tiempo para dedicarnos a la consecución de nuestro propio bienestar y necesitamos cuidarnos, encontrarnos, abrazarnos unas a otras, esa ha sido siempre la mejor estrategia, que teje como una gran red las fortalezas que podemos transmitirnos entre nosotras.

Por eso estos escritos, cotidianos y sencillos están dedicados a todas las mujeres que hicimos parte de este proceso de mujeres escritoras y que, en su diversidad e intimidad, pudimos tejer a través de versos, palabras, cuentos, crónicas y todas las creaciones posibles, un dechado de afecto, apoyo y comprensión sorora, valiente y cuidadora.

Gracias a todas por el privilegio de conocerles, por estar, por ser y compartir… ¡¡Les Quiero!!

Entrada de diario 1
Querido Diario:
Jajajajaja “Querido diario” suena como Heidy en la pradera, muy cursi para mi gusto, mejor decir: “querida yo”
Entonces, Querida yo:

Hoy me desperté con unas ganas de hacer todo lo que he postergado.
En un arrebato de amor propio, quise pintarme las uñas.
Comencé por los pies, pero a medida que iba cambiando de dedo, me iba arrepintiendo, ¡con semejante frio! Y ahora, iba a tener que estar descalza por buen rato.
Cuando al fin sentí mis uñas secas, me puse las medias, unas medias muy peludas, de esas que se usan aquí en la montaña.

Proseguí con las manos. Con la mano izquierda no tuve problema ya que soy diestra, pero con la mano derecha ¡Dios mío! ¡Qué bregadera! Duré como diez minutos por uña y cuando por fin lo logré, sentí una piquiña insoportable en mi entrepierna.

Caminé, bailé, apreté las piernas, moví mi cadera de lado a lado, pero no logré calmar esa picazón, sudé frío, casi lloro de la desesperación hasta que no pude soportarlo más.

Terminé rascándome como si el mundo se fuera a acabar y ese fuese mi último placer.

Cuando casi suspiro en señal de victoria. Entonces, me vinieron unas ganas de orinar inaguantables, era ya o ya ¡¡Pues claro!! Con este frío y todo el tiempo que había durado descalza…
    
Me puse las chanclas y corrí al baño con la precaución de no dañar el esmalte de mi mano izquierda pues, el de mi mano derecha se dañó en la monumental rascada.

Ya en el baño, me enfrenté con otra dificultad ¿Cómo bajarme el pantalón sin dañar el esmalte que aún me quedaba?
Mientras lo pensaba, se me salieron tres góticas así que tuve que sacrificar las dos horas invertidas en el arreglo de mis manos.
    
Terminé, volví a mi cuarto, me retiré las chanclas, sentí algo raro en los dedos de los pies así que me quité las medias y las uñas de mis pies quedaron decoradas con las motas de mis medias muy peludas, de esas que se usan aquí en la montaña.

Después de semejante batalla solo me quedó tener un día muy normal de cocinar, lavar, atender la huerta, arreglar la casa, trabajar en algunos informes, como siempre atrasados, y en proyectos (porque siempre tengo que estar inventándome cosas).

 Aquel día, en señal de duelo, todo lo hice en chanclas, con la frustración de mi demostración de amor propio fallida y rascando mi entrepierna con las uñas hechas un desastre. 

 Pero ánimo que a todas nos pasa, apenas nos pintamos las uñas, nos pica la entrepierna o nos dan ganas de orinar.

FIN (En fin).

Entrada de diario 2
Para mi papito Richard

El tenía dieciocho cuándo nací... Lo amé con el alma entera, con absoluta admiración y orgullo, fue por muchos años, el mejor del universo, el más play, el más cool, el más todo.

Me enseñó a bailar, me llevó siempre a los mejores sitios, me dio los mejores regalos, íbamos dos veces por semana a cine durante toda la vida. Me dio los mejores paseos, me consintió, alcahueteó, jugó y tengo los mejores recuerdos que se puedan tener de un padre, pero... También tengo los peores, los del maltrato, las golpizas, el dolor, el miedo, el terror, la sangre, los insultos, los desequilibrios emocionales, los hospitales...
Hoy todo está perdonado y él ya no está.

 Decido recordarle con amor sin negarme nada. Me debo a mí misma, a mi valentía y dignidad, el amor propio que he tenido que trabajar muy duro, y que a veces debo rasguñar para hacerme fuerte.

Sin embargo, gracias papito Richard por los momentos lindos y llenos de afecto, por tantas cosas únicas e inmensas. También por enseñarme de la forma más cruel, que en nombre del amor se permiten cosas impermitibles, que dañan y lastiman, pero, de las que nos podemos agarrar para luchar como fieras para que nadie nunca más las tenga que vivir.  Gracias por mostrame que detrás del amor se pueden esconder la manipulación, la violencia y el dominio y, que sin embargo, nos queda la opción de lamernos las heridas y sanar hasta tener el poder suficiente para liberarnos del yugo que los afectos nos imponen.

Entrada de diario 3

Querida yo:

Siendo las 4:10 am siento unas tremendísimas ganas de levantarme y levantar a mi familia, caminar cuatro kilómetros, observar aves… Quiero ir hasta el río Teusacá, recoger frutos del bosque, saludar a todos los perritos y perritas que vea, cocinar para todas mis amigas… Apenas si atino a ir al baño y volver a cinco minutitos más de arrunchada.

Siendo las 5:30 am suena la alarma de mi celular, la pospongo cinco minutitos, hace mucho frío, mientras tanto medito y organizo en mi mente todo lo que quiero hacer.

Primero… será el desayuno, algún amasijo rico, que tenga muchos colores y ¡ya sé!, algo con figuritas lindas, luego, la caminata de cuatro kilómetros e ir hasta el río y aprovechar para recoger frutos del bosque, puedo mirar las aves mientras voy y saludar a todos los perritos y perritas mientras regreso... Me acomodo cinco minutitos más.

Siendo las 5:40 am suena la alarma de mi celular, la pospongo cinco minutitos, sigue haciendo mucho frío, mientras tanto repaso y reorganizo en mi mente todo lo que definitivamente quiero hacer hoy. Tendré que dejar los amasijos para otra ocasión, sin embargo, los colores y las figuras se mantienen, mientras mi hija desayuna me prepararé para salir a caminar. La llevaré hasta la ruta y después de que se vaya, caminaré los cuatro kilómetros al río mirando aves, iré saludando perritos y perritas de regreso. Frutos del bosque seguramente en los dos fragmentos de camino encontraré, será una mañana maravillosa... Giro mi cuerpo alejándome unos centímetros de la parte más tibia, cinco minutitos más.

Siendo las 5:50 am suena la alarma de mi celular, la pospongo cinco minutitos, ¡Que frío tan tremendo! Reorganizo nuevamente el plan de mi mañana… Aparte de los amasijos, habrá que dejar los colores también, las figuritas serán algo sencillo, mientras la niña desayuna yo me pondré una ruana encima de la pijama, ¡eso nadie se da cuenta! Cuando salgamos caminando hacia la ruta saludaré a los perritos y perritas que me encuentre, ya de regreso, caminaré un poquitico más despacio para poder mirar las aves. Seguiré un kilómetro adelante y en eso seguramente habrá muchos frutos del bosque que pueda recoger… Me muevo un poco más hacia la orilla de la cama, cinco minutitos más.

Siendo las 6:00 am suena la alarma de mi celular, la apago y boto las cobijas como si fuesen un animal venenoso sobre mí, de un brinco salgo despavorida de la cama y voy al baño, mientras me siento al inodoro reformulo todo mi plan mental. Del fantástico desayuno rico con figuritas de colores y deliciosos amasijos solo será un huevo como salga y si queda pan o alguna arepa vieja, si no la logro, un par de billetes para que ella desayune en la cafetería del colegio. Eso de acompañarla a la ruta y luego una gran caminata queda embolatado, ella ya se va, ya está saliendo, mejor dicho, ya se fue… Los perritos y perritas quedaron sin su saludo y los pájaros sin quien trate de mirarlos, además, con este frío ¿Quién va al rio? Y los frutos del bosque, seguramente ya los recogieron.

Así pasó, se transformó la fantástica mañana de mi mente, en una procastinada y fría mañana en la montaña.

FIN


Huella de silencio refugiado. Miriam Rubby Morales

Nací en Junín Cundinamarca en 1965. Actualmente habito en Funza, Cundinamarca.
Estudiante de literatura (Cartografías del Silencio, Centro Cultural Bacatá, Funza, Cundinamarca, desde el año 2017).
Apasionada por la poesía, he participado como escritora de poesía en colectivo; Encuentros Pedagógicos de Literatura de Cundinamarca 2019 “Te Cuento”, IDECUT (Instituto Departamental de Cultura y Turismo), y en la Antología del Concurso de Cuento y Poesía Diez Años Narrando a Funza (2019).
Detrás de estas letras escribo por amor a la literatura, desde mi corazón de tinta y alma de poeta, continuaré haciéndolo hasta el último suspiro de vida.


Presentación
Se apagó el bullicio 
del mundo entero
el afán por llegar primero


Me refugio en la morada
en el brillo de los ojos
de mis hijos
mi compañero de camino


Amo el ruido de mis pies


No necesito alas para volar
mi pluma
              vuela
                      vuela  
                       en letras sin parar


HUELLA DE SILENCIO REFUGIADO

ESCRIBIR PARA NO MORIR DE OLVIDO

En este arte de escribir, 
no voy a morir en una hoguera 
de sueños rotos ni 
con las cenizas del olvido.

Las letras viven, se juntan, 
se sacuden dentro de mí, 
no las dejo ir, forman verbo.

Soy protagonista de mi propio destino, 
escribir es mi único estilo, 
no concibo otra manera de vivir,
ha constituido la única salida, 
el mecanismo de supervivencia 
en esta aciaga pandemia.

El verbo escribir se lee tan sencillo, 
pero en la práctica es muy difícil.

Escribo, no para ganar concursos ni dinero, 
solo para sentirme feliz.
Tener el reconocimiento de la gente 
con sus destellantes aplausos.
Junio 01 2020


CAUTIVERIO
Los vivos estamos en cautiverio,
como muertos en cementerio,
no podemos salir de nuestras moradas.

Cuando todo pase; debemos levantarnos 
de esta recaída, 
este miedo que nos distrae.

Volver a encontrarnos, 
agradecer por estar vivos,
bailar a la orilla de un atardecer.

Dejar de criticar para comenzar a vivir, 
no seguir llevando nuestros cuerpos 
con cargas innecesarias. 

Escuchar la sabiduría que llevamos dentro.

Tan ocupados que vivíamos,
que no nos dábamos cuenta
de quiénes somos.

El mundo nos está haciendo
cambiar, esta enseñanza 
puede ayudar.

La vida es ahora mismo
para comenzar de nuevo.
Somos el sueño de la vida, 
la luz de nuestra conciencia.
Abril 13 2020

Sobrevivientes en esta pandemia
para hacer de este
caos una gran oportunidad
transformación
nuevas formas de aprender 
a través de herramientas tecnológicas
Febrero 03 2021

POESÍA LENGUAJE DEL ALMA
Amante silvestre de la poesía,
artesana de la palabra vibrante, húmeda. 

Dejando huella, legado en este transitar 
hermoso que es la vida misma.

Poesía: eco infinito, sinfonía
de palabras grabadas en lienzo
para perdurar en el tiempo.

Poesía: lenguaje del cuerpo,
bandera, himno en el corazón.

Armonía bordada en versos.

No quiero olvidar: tomo lápiz, 
escribir para recordar y no 
morir de olvido.

Es un deber hacer memoria.
Febrero 18 2021

La pandemia sirve para 
escribirme, tomar la quietud 
del mundo.

Poeta, maga, bruja.

Mujer con fragancia.
No creo en dogmas,
hija del tiempo, la tierra.

Raíz de un mismo árbol,
semilla que germina,
heredera de la poesía
y el canto.

Seguiré escribiendo hasta 
la danza del último suspiro.

Reescribir la vida para 
que nada se olvide.

La memoria es vulnerable.

Disipándose la pandemia, eso creo.
Agosto 01 2021

La fuerza de las palabras escritas 
en las hojas de los cuadernos, 
hacen sentirme real, viva.

Dejando huella en este transitar.

¡Amo las palabras que conjugo!
Todo está escrito en mí,
alegría, tristeza, dolor.

Aún no acabo de escribir
en este presente eterno, 
donde solo quiero que pase rápido 
este virus.

Junio se desliza; recobro el aliento 
después de sobreponerme a la reacción 
de la primera dosis de la vacuna Pfizer.

El anhelo mío, es que podamos
abrazarnos, bailar a la orilla de un atardecer, 
embriagarnos de felicidad.

Gracias a la vida 
por la oportunidad de existir.
Junio 27 2021

Despertar es sentir las ganas 
de vivir con todos los sentidos, 
del uno al sexto. 

Ver el sol en los ojos de 
mis hijos, mi compañero de camino, 
sus sonrisas, sus manos en las mías.

Siento profundo agradecimiento sincero, 
por esta oportunidad de seguir viva 
en medio de esta pandemia aciaga. 

Voy a seguir haciendo lo mejor que pueda 
con lo que tengo, intentaré animar a los demás 
con mi escritura, que amen la vida, como yo la amo.

Poder escribir, tiene algo festivo, resurrección, catarsis, 
nuevo nacimiento; incluso tristeza al comprobar 
lo frágil de la vida y la muerte.

¡Vale la pena seguir viviendo!
Enero 01 2022


De vuelta a la montaña. Azury

Azury Del Sol, Bogotá, 1999. 
Estudiante de Filología Clásica de la Universidad Nacional. 
Fundadora de la revista de investigación literaria Promiscua. 
Ganadora de la II Edición del Concurso de Micropoemas del Festival de Poesía por Getafe, España


azurydelsol@hotmail.com
Instagram @letrasolares


Presentación
Un viaje de vuelta a los cielos parcos de la ciudad montaña. Ese cuerpo con escoliosis que llora en las tardes, crece en nuestra ausencia. La Bogotá de toda la vida, la de tinto, sombrilla y chaqueta recibe a los nuevos, los venidos con ojos de turista, aunque sean nativos, con manías extrañas, gritos de sirenas y mañanas abrasadas. 
Volvamos juntos, al caos de esta casa.


DE VUELTA A LA MONTAÑA


CAFÉ DE LAS CUATRO 

Olvidé que Bogotá tiene techo blanco
con pelusas adheridas viajeras,
que el techo se estira tiritando y se hace pared de asfalto y de piedra, 
más las tres capas de ropa de invierno
que hay que arrancarse húmedas al medio día. 

En la ciudad montaña las estaciones se mezclan con los días 
como un bote de pintura fresca que preparan en la ferretería. 

Con la nariz lloviendo, la piel marchita, hielo en la cara, recuerdo; 
partí buscando colores que temen las alturas,
que no vienen porque no escampa
por fe sospechamos que existen 
musarañas a nuestros ojos a blanco y negro

Volver a las sirenas que gritan,
los rostros opacos, coaguladas mañanas, 
es zambullirse en el café de las cuatro, 
siempre igual, un abrazo conocido. 
Siempre negro. 


VISÍTAME, SÍ, 
pero los miércoles,
hoy sábado soy un círculo circunscrito
entre los pozos geométricos del café de ayer, 
caí de bruces el jueves leyendo sus designios 
y apenas hoy me doy mañas de trepar la taza. 

Has de venir los miércoles
cuando los designios sucedan
y pueda ver que vienes entre el té de las tres. 


TERCER MUNDO 
Tres amigos juegan a decir mentiras en un bar 
Uno fue enterrado vivo ayer
El otro saltó de un puente
El último mató a su mamá 
Los tres dicen la verdad. 


HOMBRE EN FUEGO 
Hija y padre en la patrulla
el policía que llegó primero
la voz del suicida desgajándose 
por las llamas en su cuerpo. 


DÍAS BOGOTANOS 
Días canos, de manta de hierro y edredón ahumado
unos que arman castillos en nubes de blancos planos
otros que arden besos fríos en rostros resfriados, 
madrugadas de invierno, cenit de otoño, tardes de verano, 
esos de paso apurado, manos en los bolsillos y pies mojados 
días que no son días porque hay que salir a buscarlos. 


PANAL 
Celdas rectangulares con reja bancaria 
otras con cortinas black-out
la nuestra de red para gata
al lado solo la ventana de cristal. 

El lateral de un panal humano
que almacena angustia en lugar de miel
individuos que abandonamos el 'apto'
para rellenar otra celda más chica con horas de trabajo 
el polen de la vida.

Somos humanos nativos, sin aguijón,
los hay cosmopolitas 
una raza más fuerte que trabaja mejor
pero ellos pican y nosotros no.

Se despierta el asfalto amoblado en el alboroto de mañana
un caos sincrónico de cubiertos de mesa
de humanos juntos a la misma hora en el ascensor
la voz de las calles zumba,
afanados gritos mecánicos 
una individualidad conjunta, repetida,
actos cotidianos que creemos únicos
vistos desde arriba son un punto en el montón.

Abejas humanas que recolectan, llevan los bolsillos llenos
las obreras suman ladrillos con la cera que supura de su tiempo 
nodrizas enseñan el afán a las larvas
las que mantienen limpia la colmena; limpian
y las cansadas se alejan a morir en silencio.

Servimos con tesón a la reina de cemento;
Bogotá. 


BOTÁNICA HUMANA 
Somos árboles antinaturales
de creencias
citadinos mal enredados
plantados industrialmente
con frutos de prejuicios y raíces de egoísmo en asfalto 
el tallo torcido mal nutrido por tener el alma hambrienta 
a falta de días soleados. 

Los troncos, ¡ay, los troncos!
casi palos de naufragio
malheridos porque el ego resquebraja la madera. 

Las ramas desiertas sin aves, ni dicha,
ni viento, ni hojas, sino hiedra
pues los temblores febriles de la soledad 
sacuden lo que tocan y no dejan nada.

Somos árboles aislados
entre ríos de cemento
que siendo esquejes del mismo palo
se creen del bosque el centro. 


RECITAL DE POESÍA 
Hay poesía narrándose con cuerpos, 
poesía que no sobrevive recitales, 
versos de granizo que se esfuman 
en las palmas heladas del instante,
poesía transeúnte y entrenada 
que espera el cambio de luz en la acera, 
la esencia en rima de la vida
que por fugaz es bella. 

EL INFIERNO 
Ojos que profanan miradas
que arrancan prendas para clavar las ganas
mientras ocupan doble espacio
para sentar lo macho en las butacas. 

Afirman ser seducidos
por almas heridas a vistazos.
No contentos con ver manosean
y van por ahí engendrando espanto.

¿Por qué puñaladas en lugar de abrazos? 
Hoy los negros empaladores
enseñan el nervio erecto
y no hay forma de denunciarlos
ni con las dioptrías completas
ni con su cédula en la mano. 


BASURA 
Monstruos de fauces mecánicas
enormes hormigas de hierro
recorren incansables las venas bogotanas
para tragar la escoria
masticarla
digerirla
salivando fractales de basura diminuta
y vomitarla luego
en la boca de Juana.

Las uñas cortadas, el polvo de piel, el cabello sobrante, 
la mierda de este cuerpo de asfalto 
van a quebrar nuevos pliegues de obesidad mórbida 
en la giganta preñada de obsolescencias programadas.

Y cuando no quepa en su carne
harta de parir hectáreas nauseabundas estalle 
volverán sus fluidos perniciosos a la violencia de siempre
en el paisaje. 

PLAZA DE MERCADO 
Ciudades distintas que se aúnan la escuálida de pies mojados
de techo denso que no respira la de cenit dorado que tuesta 
se transforma entre las botas de lluvia,
el sombrero, las gafas de sol y la chaqueta
una que tinta los inmigrantes de verde soroche
la mocosa, la ebria
otra de mohín cansado que se queja del clima,
la de plaza, la de protesta
esa del mercado que grazna es la única que alimenta. 


EN UNA GALERÍA DE ARTE HABLAN DOS VOCES, 
una que venció el reloj cuando rasgó con pedazos de sí misma el lienzo 
otra que ve sus propios entresijos extrañada
untados en la obra del desconocido.

Pronto las voces se aúnan y por un instante 
la expositora de nuevo
la observadora por primera vez
se sumergen en las aguas del sentimiento, juntas. 


PASOS 
Los pasos como salmones.

Contracorrientes, se reproducen, 
saltos esforzados hasta aguas altas 
suman vida a la vida. 

Corrientes, envejecen, 
quietos en las aguas 
víctimas del cauce 
suman experiencia 
aunque restan pasos. 


VÍCTIMA DEL TIEMPO 
Atrapada entre los engranajes
fueron mis entrañas trabadas
las que acallaron el eco del tic tac 
resonante en la caja del tiempo
solo hasta masticarme fluida
medio digerida fantasma
Me escupió aquí y se siguieron los días 
grises y fríos como si nada. 


MEJOR NO TARDES 
Temo que en tu ausencia me he expandido
agua sucia de florero que en su muerte halló el mar,
en tu regreso,
marchitas las flores,
roto el florero,
no tendrás espacio para ocupar. 


ANTI-SEMILLA 
Se tambalea en mi pecho
hice nutrido su sustrato
oigo su brote resquebrajarme el cuerpo 
sus dedos hambrientos rasgando 
cuanto sé de mí se marchita
soy su alimento y nazco;
hacia adentro.

Entradas. Xiomara León Salgado.

       

Enhebro hilos y también pensamientos. Tejo y destejo recuerdos. Artesana, lectora y escritora. Cuando no es la hoja y el esfero, es la madeja y la aguja, duplas cómplices de dar vida y forma a los sentires que recorren mi cuerpo, se posan en la mente y piden a las manos materializarlos. También recorro espacios naturales para admirar la biodiversidad que habita en ellos y así revitalizarme. 

Entre hilos y palabras fui construyendo un camino lleno de aprendizajes a partir de procesos sociales, artísticos y culturales. Un sendero que podrán conocer y recorrer en Instagram y Facebook @semilla.littera

Mi cuerpo

Estas experiencias son reflexiones del servicio que me han dado en las consultas médicas, las describo a partir de entradas de diario pues son la posibilidad de hablar desde lo íntimo. Historias que se enlazan entre sí, ya que con el tiempo el hilo del sistema de salud ha ido tejiendo la sensación de una institución carente de herramientas de un buen trato humano a sus usuarias. Fechas distantes entre sí, conectadas por la frustración de la falta de diálogo, sino una consulta de contados minutos con el personal. Es frustrante no poder hablar abierta y sinceramente de lo que le ocurre a mi cuerpo, un cuerpo femenino atravesado por unas dinámicas sociales y culturales que de diversas maneras violenta y alimenta el silencio. 

 2 de septiembre de 2022

9:30 p.m. Una hora en que se empieza a sentir la tranquilidad de la noche cuando no está de rumba alguna de las casas de la cuadra. Un silencio que permite sumergirme en la intimidad de mis pensamientos, imaginar, reírme con algunos recuerdos, mientras miro las mandalas que hace unos años hice y colgué en el techo de mi habitación. Tomo el celular y empiezo a recorrer la carpeta de imágenes para eliminar lo que se va acumulando a diario. Encuentro una foto, es la reserva El Delirio, la que queda en la zona rural de San Cristóbal sur, ¡cómo olvidarla! No solo por la belleza que aún se logra conservar, sino por la mordida del perro. 

Me preguntaron cómo me sentía, les dije que bien, que solo había sido el susto. Avanzamos hasta llegar a la casa donde se registra el ingreso, le contamos lo sucedido a la señora que nos recibió, pues los perros eran de su propiedad. Me comenzó a arder la zona mordida, me subí el pantalón: el perro me había clavado sus colmillos, estaba sangrando. 

Con un botiquín me hicieron una limpieza rápida. Podía devolverme o seguir, apenas estaba empezando el recorrido. Decidí continuar pues era la primera vez que iba y no quería perderme la oportunidad. Avance en el camino cojeando y sintiendo el ardor. Al culminar la caminata me fui a urgencias, ¡tardé como tres horas para que me atendieran! Cuando por fin lo hicieron, me recibió una chica joven, me preguntó el motivo de urgencia, le comenté que me había mordido un perro, que según sus dueños estaba vacunado contra la rabia, pero igual quería que me revisaran para garantizar que no tuviese ninguna infección y procurar una sana cicatrización. 

Fueron diez minutos de atención, tres horas esperando para eso, y la mayor parte del tiempo fue para tomarme los datos, a duras penas me miró la pantorrilla, me dio una prescripción para medicinas y salí. Me dirigí a farmacia y ninguno de los medicamentos estaba disponible. 

Sí me quedó cicatriz, para cubrirla dos años después me mandé a tatuar un insecto sobre una flor, en honor a la naturaleza que admiro y no dejaré de recorrer. 

 6 de septiembre de 2022

La silla de metal suena en cuanto me siento. Son las 7:30 a.m. y espero a que me llamen. Intento concentrarme en el cuento que estoy leyendo. La luz es escasa. Las personas suben y bajan las escaleras. Se sientan, se levantan. Entran al baño, confunden los interruptores y apagan la luz de la sala. La prendo de nuevo. Las doctoras van llamando a su siguiente paciente. Xiomara León. Ingreso al consultorio. Siéntese. A qué se dedica, edad, dirección, ¿planifica?, cuántos compañeros sexuales ha tenido, ¿hijos?… No ha terminado de hacerme una pregunta cuando me lanza la siguiente. Me sorprende que no haya hecho pausa para tomar aire, como máquina de atención al usuario me dice lo que vamos a hacer. Me pasa una hoja y un esfero, es el consentimiento informado que debo firmar. Me indica que ingrese al baño, me coloque la bata y cuando esté lista le avise. Me estoy cambiando y escucho: ¿listo, Xiomara? Me pongo la bata rápidamente, salgo y me acuesto en la camilla. 

Cada año el procedimiento es molesto. Es molesto desnudarme de la cintura para abajo y acostarme en una camilla. Es molesto que me digan que baje más, que abra más las piernas. Es molesto abrirme de piernas y que me introduzcan un aparato plástico. Es molesto sentir que el espéculo entra, algo moviéndose dentro de mí y sale. A eso se le suma la frialdad con la que me atiende la doctora. Así como me habló así mismo me tomó la muestra: rápido. Entro al baño, me cambio y salgo. Ella ya estaba atendiendo a la siguiente, ni siquiera esperó a que me fuera. 

Siempre que pido una cita médica, en especial de medicina general y citología, solicito que sea una doctora quien me atienda, esperando que la condición de género permita un grado de confianza en la consulta. Es claro que estar entre mujeres no garantiza un buen trato. Es claro que al personal de salud le urge una sensibilización respecto a la labor que realizan. Es claro que atienden un sinnúmero de personas, que las dinámicas diarias en los hospitales pueden ser agotadoras, pero no por eso deben olvidar que están tratando con seres sintientes. Hay trabajadores que hacen de la visita a estos lugares una experiencia no deseada, una sensación no solo desagradable sino interiorizada. 

 8 de septiembre de 2022

Ingreso al hospital. Buenos días, me podría indicar dónde encuentro a la doctora Barbosa, por favor. Siguiendo las señas llego al consultorio. Me siento en la sala de espera. 6:45 a.m. Llaman dos veces a una paciente. No llegó. La siguiente en lista: Xiomara León. Entro al consultorio. La doctora Barbosa me da los buenos días, me pregunta cómo me encuentro y me describe lo que vamos a realizar: pruebas rápidas de VIH, Hepatitis B y Sífilis. Con una aguja me pincha el dedo índice de la mano derecha y comienza a apretarlo para que salga sangre y caiga en un pequeño espacio circular dentro de una tira reactiva. Una gota para cada muestra. Luego aplica un líquido. 

Mientras pasan los quince minutos para conocer los resultados, ella me toma los datos. ¿Desconfía de su última pareja sexual? Afirmo con la cabeza. Sentada al borde de la silla, pienso ¿y si alguna de estas pruebas resulta positiva? Le hago preguntas respecto a la confiabilidad de estas pruebas, su margen de error. Me dice que en el caso de que alguna salga positiva deberé de hacerme una segunda prueba para confirmar el diagnóstico. Más que una consulta fue una conversación. Las tiras arrojaron el resultado: negativo en las tres pruebas. Los nervios se disipan. Me da recomendaciones para seguir cuidando mi sexualidad. Me despide calurosamente. 

 19 de septiembre de 2022

Llego al hospital. En la entrada pregunto dónde reclamo los resultados de una citología. En la mitad del pasillo al fondo, en estadística, me dice amablemente la auxiliar. Le doy la orden al encargado, me la recibe de manera osca, busca en una carpeta, me pide firmar y me da un papel doblado. Subo al segundo piso y me siento en una silla metálica. Pienso en que al llegar a casa debo llamar para pedir cita de dermatología, ¿será que esta vez sí habrá agenda? Cada vez son diez o quince minutos tecleando las opciones que da la operadora y al final la misma respuesta: no hay agenda disponible. 

Recuerdo la última vez que estuve con un dermatólogo. Hace unos años y por primera vez ingresé al Hospital San Juan de Dios, pasé por facturación y me indicaron el consultorio, llegué, el doctor me invitó a seguir, hizo algunas preguntas y la asistente tomaba nota en el computador. Él me pidió ir al baño, quitarme la chaqueta y la blusa y salir en brasier para mirar el pecho. Lo hice, al salir el doctor estaba rodeado de cuatro o cinco estudiantes universitarios, de la impresión ni los conté. Me pidió acercarme, señalaba mi pecho al tiempo que comentaba lo que yo tenía. La parte superior de mi cuerpo fue el tablero con el cual el profesor dio clase a sus practicantes señalando el acné con un pequeño metal delgado. 

9:00 a.m., me llaman, me levanto y me dirijo al consultorio de la doctora Diana Olmos. Entro, la doctora me saluda y me pregunta el motivo de la consulta. Lectura de exámenes, le contesto. Revisa la hoja de la citología: satisfactoria. 

 22 de septiembre de 2022

8:00 a.m., ingreso al hospital, pido un turno para farmacia, la máquina me asigna el F08. Me asomo a la ventanilla, no hay nadie haciendo fila y tampoco aparece turno en la pantalla. Veo la gente sentada, la que está de pie, la que va de un lado para otro en el reducido pasillo, todo se mueve menos los números en pantalla. Luego de una espera impaciente, F08. Me acerco a la ventanilla, entrego la orden, ella se dirige a un cajón, saca unos sobres de cartón, me pide firmar y dice la primera semana de octubre reclama la otra mitad. Pienso que ahora que no los necesito, pues ando con las piernas bien cerradas, me sobran, y cuando debí usarlos, ahí sí no los tuve en cuenta. Los condones, esos que no utilicé, después de un mes de atraso la incertidumbre me jugaba una mala pasada, ¿y si estoy embaraza? 

Por esos días me llamaron para una entrevista de trabajo, mi inquietud aumentó aún más: ¿y qué tal pase y yo esté embarazada? Era un viernes cuando me dieron las indicaciones para la entrevista al siguiente lunes. El fin de semana mi mente estuvo muy inquieta contemplando la posibilidad de la maternidad. Hablé con mi pareja y quedamos en hacer la prueba de sangre el lunes temprano antes de irme a la entrevista. Él tenía horarios rotativos en su trabajo, el domingo le tocó en la noche entonces a las 5:00 a.m. del lunes salió para el Policlínico del Olaya y pidió el turno mientras yo llegaba. Subimos las escaleras, esperé a que me llamaran, entré y ahí estaba la aguja aguardándome. Regrese en dos horas, me dijo la enfermera. 

Mi pareja y yo nos quedamos en la sala de espera, él intentando no caer vencido por el sueño y yo lidiando con la zozobra. Miraba y miraba el reloj, ¡qué manera de hacerse el tiempo tan eterno cuando la duda envuelve y maquinea la mente! Por fin, a las dos horas fui a la ventanilla, entregué la orden del examen y recibí una hoja doblada. Me acerqué a mi pareja, a ambos nos invadía una mezcla de sensaciones al contemplar las posibilidades del resultado. Bajamos al primer piso y solo al cruzar la puerta que conduce a la calle me atreví a desdoblar el papel. Nos miramos y sin decirlo en nuestros rostros se reflejaba un alivio al leer negativo.

Mis escritos. Carolina Bejarano.

 ¿POR QUÉ ME GUSTA ESCRIBIR?  Escribir es la forma más sutil que puede utilizar para expresar mis sentimientos y mis pensamientos de todo aq...