Hago parte del COLMYEG de mi localidad, me interesan todos los temas que tengan que ver con mujeres, infancias y adolescencias, ambiente, arte y cultura, pero sobre todo, con la protección y bienestar de los animales.
Conformo diversos procesos formativos de arte, lectura, participo de la huerta de mi familia, hago parte de la Generación Eureka, acompaño como artista—guía algunos recorridos de arte y naturaleza en mi territorio y, escribo cuentos resaltando la importancia de la naturaleza, la memoria ancestral y campesina.
Me gustan la historia, la política, el arte, divertirme con más niñas y niños, me duelen las injusticias, por eso espero convertirme en una actriz de gran influencia y acción social. Anhelo ser veterinaria de rescate porque amo profundamente a los animales y quiero vivir para ellos.
Contacto mediante las redes de mi mami: Ana Estíbaliz Gómez Torres
También a todos esos humanos y humanas maravillosos que les brindan segundas, terceras y todas las oportunidades del mundo, a estos seres que solo quieren amarnos y llenarnos de alegría.
Caminó y caminó entre la lluvia, hasta que por fin llegó a una cabaña, fue a refugiarse en aquel lugar que parecía cálido, rasguñó la puerta, salió un hombre con un aspecto muy grande y rudo. La miró y decidió entrarla a la casa, la arropó con una cobija, ella un poco tosca, se alejó, tenía miedo, ya la habían lastimado demasiado, ya no confiaba en los humanos, pero presintió en él algo diferente.
Él se acercó a ella y le dijo:
—Pequeña, no temas, no te haré daño —dirigió su mano hacia la perrita—. Mi nombre es Daniel, yo te cuidaré y te protegeré.
La perrita se dejó acariciar, se arrunchó al lado de Daniel y tuvieron un sueño muy profundo.
La perrita despertó a Daniel de un ladrido al escuchar el cacareo de una gallina.
— ¡Que… ¿Qué pasó? —Dijo exaltado mientras se rascaba los ojos—. Ayyy apenas son las tres.
Daniel se dio media vuelta y trató de dormir, su querida visitante siguió ladrando cada vez más fuerte, entonces él decidió ir al baño, pero que sorpresa, el piso de su cuarto lleno de popó.
Daniel se levantó del inodoro, suspiró y se devolvió. Le tocaba dar pasos suaves y muy planeados. Recogió el popó de la perrita y se fue para la sala a apagar la luz, la perrita lo esperó sentada al lado de un jarrón roto moviendo su rabito. Daniel trató de mantener la cordura, recogió los restos del jarrón de la abuela María y los botó. Se acostó para ver si podía dormir otro rato, pero un estruendo en la cocina lo volvió a levantar.
Caminó a la cocina y vio toda su loza en el suelo, al lado la perrita asustada por el ruido, Daniel tuvo ganas de sacarla, pero vio que afuera hacía mucho frío y llovía, sintió pesar con ella, así que se la llevó de nuevo a su cuarto mientras recogía todo el desastre.
Metió a la perrita dentro de su cama a ver si se lograba dormir, Daniel pensó qué haría con la perrita, al final el sueño le ganó.
Cacareó el gallo, Daniel se levantó a prepararse un café y mientras se lo tomaba miró de lejos a la perrita y dijo:
—Debería ponerte un nombre… Tal vez Esmeralda —ella lo miró con duda—, no. Será Miel porque te ves muy dulce.
Daniel se puso sus botas y salió a caminar con Miel, después de mucho rato se sentaron a la orilla del río. Daniel le habló, le contó su vida y todo lo que tuvo que pasar. Miel solamente lo observaba, pero con esa mirada él supo que ella entendió perfectamente lo que sus recuerdos guardaban.
Miel estiró su patita y la puso sobre la rodilla de él. De pronto hizo un ruido raro, era un llanto, no tan triste, más bien de mucha nostalgia, pareciera que Miel devolviera a Daniel la confianza de compartir con ella lo que había en su corazón, y ahora, era ella quien le contaba con sonidos indecibles, pequeña y sola, lo que tuvo que vivir antes de llegar a esa cabaña.
Mientras Miel, entre ladridos y aullidos, le contaba a Daniel toda su historia, él se dio cuenta de algo, y fue que durante esa noche que pasaron juntos, ella logró hacerlo sentir mejor, acompañado, amado y, de que a pesar de todos los males que hizo, ahí estaba un ser muy dulce, dispuesta a acompañarlo en todas sus travesías y a compartir con él una nueva vida llena de alegrías y aventuras para ambos.